sábado, 28 de abril de 2012
miércoles, 24 de agosto de 2011
NO ES SON
A pesar de que no es fácil, pienso en confiar,
Tengo culpa, y no es de pensar,
confiar suertes a tus letras, a tu calma,
a la casi niebla.
Permíteme ceder la buena fe
que la conciencia oscila entre sus garras.
No duermo,
y es porque sueño, sin agitar,
las presiones del viento.
las presiones del viento.
Intrazable luz que no puede más,
clamor ardiente de medio hálito
clamor ardiente de medio hálito
danzando al borde de un claro palenque.
Tengo culpa, y no es de pensar,
algo cándido e ideal flexiona esta tristeza
disloca dudas de altamar
al punto eterno del aciago.
Y las arenas del pasado,
¡qué invictas hormiguean!,
pues no hay razón que me delate
más que la certeza de no saber
cuando un ser es inanimado
y cuando mera piedra al caer.
¿Vislumbrarás sin condición, alma?
Cavilo inmersa pues caía gresca
¡gresca bajo restos de temple!
¡gresca bajo restos de temple!
Era incesante la vida que habitaba,
no pude detenerme.
Suscitó un abisal que me hizo inconcebible,
inadecuada,
inadecuada,
incapaz de evocar la paz traína .
Fui rayo que turbó el son del rumbo.
sábado, 30 de julio de 2011
Correspondencia de la momia
Correspondencia de la momia
Esa carne que ya no se tocará en la vida,
esa lengua que ya no logrará abandonar su corteza,esa voz que ya no pasará por las rutas del sonido,
esa mano que ha olvidado hasta el ademán de tomar, que ya no logra determinar el espacio
en el que ha de realizar su aprehensión,
ese cerebro en fin cuya capacidad de concebir ya no se determina por sus surcos,
todo eso que constituye mi momia de carne fresca da a dios una idea del vacío en que la compulsión
de haber nacido me ha colocado.Ni mi vida es completa ni mi muerte ha fracasad0 completamente.
Físicamente no existo, por mi carne destrozada, incompleta, que ya no alcanza a nutrir mi pensamiento.
Espiritualmente me destruyo a mí mismo, ya no me acepto como vivo. Mi sensibilidad está a ras del suelo, y poco falta para que salgan gusanos, la gusanera de las construcciones abandonadas.
Pero esa muerte es mucho más refinada, esa muerte multiplicada de mí mismo reside en una especie de rarefacción de mi carne.
esa lengua que ya no logrará abandonar su corteza,esa voz que ya no pasará por las rutas del sonido,
esa mano que ha olvidado hasta el ademán de tomar, que ya no logra determinar el espacio
en el que ha de realizar su aprehensión,
ese cerebro en fin cuya capacidad de concebir ya no se determina por sus surcos,
todo eso que constituye mi momia de carne fresca da a dios una idea del vacío en que la compulsión
de haber nacido me ha colocado.Ni mi vida es completa ni mi muerte ha fracasad0 completamente.
Físicamente no existo, por mi carne destrozada, incompleta, que ya no alcanza a nutrir mi pensamiento.
Espiritualmente me destruyo a mí mismo, ya no me acepto como vivo. Mi sensibilidad está a ras del suelo, y poco falta para que salgan gusanos, la gusanera de las construcciones abandonadas.
Pero esa muerte es mucho más refinada, esa muerte multiplicada de mí mismo reside en una especie de rarefacción de mi carne.
La inteligencia ya no tiene sangre. El calamar de las pesadillas da toda su tinta, la que obstruye las salidas del espíritu; es una sangre que ha perdido hasta sus venas, una carne que ignora el filo del cuchillo.
Pero de arriba a abajo de esta carne agrietada, de esta carne no compacta, circula siempre el fuego virtual. Una lucidez enciende de hora en hora sus ascuas que retornan a la vida y sus flores.
Todo lo que tiene un nombre bajo la bóveda compacta del cielo, todo lo que tiene un frente, lo que es el nudo de un soplo y la cuerda de un estremecimiento, todo eso pasa en las rotaciones de ese fuego en el que se asemejan las olas de la carne misma, de esa carne dura y blanda que un día crece como un diluvio de sangre.
La habéis visto a la momia fijada en la intersección de los fenómenos, esa ignorante, esa momia viviente que lo ignora todo de las fronteras de su vacío, que se espanta de las pulsaciones de su muerte.
La momia voluntaria se halla levantada, y a su alrededor se agita toda realidad. La conciencia como una tea de discordia, recorre el campo entero de su virtualidad obligada.
Hay en esa momia una pérdida de carne, hay en el sombrío lenguaje de su carne intelectual toda una impotencia para conjurar esa carne. Ese sentido que recorre las venas de esa carne mística, en la que cada sobresalto es un modo de mundo y otra especie de engendrar, se pierde y se devora a sí misma en la quemadura de una nada errónea.
Pero de arriba a abajo de esta carne agrietada, de esta carne no compacta, circula siempre el fuego virtual. Una lucidez enciende de hora en hora sus ascuas que retornan a la vida y sus flores.
Todo lo que tiene un nombre bajo la bóveda compacta del cielo, todo lo que tiene un frente, lo que es el nudo de un soplo y la cuerda de un estremecimiento, todo eso pasa en las rotaciones de ese fuego en el que se asemejan las olas de la carne misma, de esa carne dura y blanda que un día crece como un diluvio de sangre.
La habéis visto a la momia fijada en la intersección de los fenómenos, esa ignorante, esa momia viviente que lo ignora todo de las fronteras de su vacío, que se espanta de las pulsaciones de su muerte.
La momia voluntaria se halla levantada, y a su alrededor se agita toda realidad. La conciencia como una tea de discordia, recorre el campo entero de su virtualidad obligada.
Hay en esa momia una pérdida de carne, hay en el sombrío lenguaje de su carne intelectual toda una impotencia para conjurar esa carne. Ese sentido que recorre las venas de esa carne mística, en la que cada sobresalto es un modo de mundo y otra especie de engendrar, se pierde y se devora a sí misma en la quemadura de una nada errónea.
¡Ah! ser el padre nutricio de esa sospecha, el multiplicador de ese engendrar y de ese mundo en su devenir, en sus consecuencias de flor.
Pero toda esa carne es sólo comienzos y ausencias y ausencias y ausencia...Ausencias.
Pero toda esa carne es sólo comienzos y ausencias y ausencias y ausencia...Ausencias.
viernes, 24 de junio de 2011
Tiempo del hado
Evocar es tan difícil, pero intentaré enlazar recuerdo tras recuerdo para evitar la palidez de la historia que debe continuar.
Nebulosas voces me musitan datos sobre mi infancia en inicial. Me hablan de madurez espiritual en apenas 3 años, un par de diplomas por algún concursillo en la temporada estival y acostumbrados frugos al término de las clases con mi papá. Él, con lentes oscuros en días de calor y estío, me recogía del C.E.I. N°09 Naranjal. No tantearé las charlas de camino a casa, pues fueron olvidadas conforme pasaban los años de constantes conflictos con los hermanos de mi papá debido a que no toleraban la torre de libros que se alzaba en el depósito de la casa; pero no había otro lugar, ¿qué hacer?. Empezaba la primaria, quizá mis padres creyeron que era una niña genio, futura ingresante a la UNI, mas yo sólo veía notas azules, más diplomas y recitales de poesía. Fue el momento de creer en las letras de alguien que no me diera un premio, sino, un consejo, y así fue como leí “Los desengaños del mago” de Scorza. Los sentimientos más arcanos merodeaban aquella irrealidad, en sus capítulos me bañaba del descontrol de los humanos por pisar tierra sin haber antes navegado. La soledad moldeó mis pensamientos ocultándolos. Así que al dar paso a la pubertad y adolescencia, mis años de gran promesa terminaron, sólo sobresalía en Lengua y literatura y Arte, dejando atrás concursos de matemática para reemplazarlo con música y libros que leía a solas en mi casa después de terminar la escuela. Nunca reprobé los exámenes y a pesar de algunos rojos que sonreían en mi libreta, siempre salía invicta; yo sólo no hacía las tareas, a menos que sean de mis cursos favoritos, y mucho peor cuando a finales del 1er año formé una minibanda con unos amigos del colegio, era muy apresurado, logramos poco y aprendimos mucho. Al cantar temía pronunciar parte de lo que leía en casa, pero, nunca pasó.
Anduve “bohemia” hasta 4to año, que fue cuando terminó la banda y mi vida en Comas. Pasé a las lejanas tierras cerca de la bahía de Ancón y en el nuevo colegio la vida solitaria irradió de nuevo desde mis entrañas, ya no lo pude evitar, me dediqué a creer en magias melancólicas y soñolientas que el libro otorgaba, dejé de lado la nostalgia por la música que no pudo ser y comencé a escribir más poesía. La vida se sintió frágil en ese año, ya no era la típica chica conocida por todos, pasé a ser la voz que no se escucha a menudo, lo que me hizo sentir muy segura y aliviada de tanto barullo.
Los libros de mi padre tuvieron acogida en la nueva casa, y esta vez, sin molestia alguna. En una habitación más grande que mi cuarto guardaban posición aquellos libros de pastas amarillas y hojas con aromas de azur. Mi papá y yo pintamos las paredes de aquel recinto. Fue el azul, por unanimidad, el color elegido, azul cielo para ser más exacta. Pasaron así mis interminables horas de lectura dentro de ese fortín de luz que acariciaba el cielo. Ya podía disipar la mayoría de mis dudas acerca de mi futura profesión, o bien literatura o bien arte. Mis padres me dieron la libertad que siempre hubo, lo que calmó las aguas del lago en el que me ahogaba. No había problema en la decisión, pero mis padres, como los profesores que son y por el temor a la realidad que nos acecha, me sugirieron que debía seguir otra carrera a la par de ésta, con la cual pueda apoyarme en el sentido económico, pues ellos no estarían el tiempo suficiente como para ver que me acomodase en una silla, escriba, y pida propina y pasaje a la vez. Así que me matricularon en Pamer con el fin de ingresar a San Marcos, pero valga la coincidencia por mil palabras. Postulé a la UNFV mientras iba 3 meses en academia, e ingresé a lingüística siguiendo lo estipulado por mis padres. La verdad, debo confesar que por primera en mi vida me sentí hecha de concreto. Mis familiares congratulaban mi ingreso, pero yo aún no lo hacía; -será la emoción- mentíanme mis padres, yo sonreía sulfurada de tanta desdicha. Cuando llegué a la casona, y al hablar con la directora de la escuela, desperté de aquel invierno que maldecía el lápiz del sábado, pues me dio la opción de reubicarme debido al bajo número de alumnado a la carrera de literatura. ¿Fue algún síntoma literal agudo o simplemente el destino va de acuerdo a mis pedidos? No lo sé. Mi corazón tirita cada vez que ocurren imprevistos muy certeros. Dudo que la vida me tienda caminos derechos por este cielo, pero ya sabré congeniar con las tormentas o temblores, todo dependerá de que viva el sueño.
Con libros sin penas
Suelo leer o estudiar en mi cuarto o en la biblioteca familiar. En esta última paso más tiempo, creo que ya la convertí en una sucursal de mi cuarto, pues varias veces me quedo a dormir allí.
Mi habitación posee una gran vista del jardín de rocas y plantas que habitan mi patio y de una avenida no tan concurrida (el ambiente y sus alrededores mantienen un constante clima de paz). Pareciera que todo está confabulado para el estudio perfecto, pero hay un detalle que olvidé mencionar: cuando estoy en mi cuarto sólo puedo tolerar la luz una hora o menos, luego me envuelvo en los brazos de Morfeo y no suelo despertar de su abrigo con tanta facilidad, por eso, voy a la habitación contigua a ésta: la biblioteca. En este espacio invadido por el vicio paterno de coleccionar libros en grandes estantes y de poesía pintada en cada muro azul, consigo leer, estudiar y repasar con mayor soltura, pues siempre tengo una fiel taza de café a mi lado y el resguardo de tantas letras en donde me enfrasco. Al parecer, aquí sí siento ese calor que siente cualquiera al estar en donde debe, con quienes pertenece. No digo que no me sienta bien con las personas, pero lo que ilumina mis ideas, lo que derriba mis prejuicios del mundo actual, lo que me tiende riendas para alcanzar el placer de ser yo misma y retratar lo bello de la humanidad, son los libros con quienes vivo y de quienes espero conocer más. La vida en mi biblioteca vale ser vivida, no hay dudas de su musicalidad.
(Espero no ser muy subjetiva con respecto a mi lugar de estudio y lectura, pero no puedo evitar expresar lo que realmente pienso de ello).
lunes, 13 de junio de 2011
Hoy...
Este un fragmento del poema que hice hoy en la mañana, no daré más detalles, pues es muy obvio que la razón está destinada a morir conforme se lee...
Hoy escribiré, hoy la reflejaré en la faz del papel, acrisolado.
Hoy la veré tras el cielo del delirio
y leeré sus sueños mientras él cuente mis suspiros.
Sé que habré de palidecer en cada paso,
sé que cuando su ventana vibre yo viraré el corazón y volaré,
no hablaré, porque del labio se desprende aromas que delatan al ser que ama...
No correré el riesgo...
Mas aún confieso que la sequedad de las letras
comienzan a tomar forma,
una especie de bandera sobre el rosal,
cualidad para entonar los suspiros del fuego
en calidad del cándido fervor eterno...
temer la reacción del viento ante la niebla palpitante
no es casual lo del sepulcro al tiempo
entiendo el juego de las sombras, no miento.
Distraes la presión... ¿Existes?
jueves, 26 de mayo de 2011
HOMENAJE AL DÍA DEL QUECHUA
Siguiendo a mis instintos lingüísticos, encontré a José María Arguedas en la sección de "Madre Tierra" del periódico "La Primera" . Degusté al leerlo por lo complejo que me resulta el quechua (me encanta lo complejo). En su poema -escrito en quechua-, él es tan "tierno" para imprecar a los advenedizos que ignoran nuestras raíces; empezando por cómo suena el título: "Pachakutiy taki", y por su anáfora contundente: "Ama wayqey manchankichu, fulano hermano..." ("No temas hermano, fulano hermano..."), como queriendo advertirlo y a la vez burlándose de sus especulaciones sobre la vida andina. No es soez, sólo es enfático.
Y ahora hemos aquí, junto a sus letras, homenajear al Día del Quechua:
Pachakutiy taki
(Canas, Cusco, 1921)
Fragmento
Kunan punchaymanta
chayqa karaqo tukukapun
tukuyta qonqanayki
Suwa suwarunakuna
Maytaq chakrayku
maytaq uywayku
Suwa allqu mistikuna
kunan makiykupi wañunkichis
Kunan manañan
ñaupañachu kayku
manañan muspaykuchu
ni puñuykuchu
Kunanqa allintam rikchariyku
Karaqo
[…]
Desde el día de hoy
esto carajo se terminó
has de olvidarlo del todo
Ladrón hombres ladrones
Dónde están nuestras chacras
dónde nuestros animales
Ladrones perros mistis
Hoy en nuestras manos van a morir
Hoy no somos ya
como en el tiempo pasado
ya no estamos delirando
ni durmiendo
Kunan punchaymanta
chayqa karaqo tukukapun
tukuyta qonqanayki
Suwa suwarunakuna
Maytaq chakrayku
maytaq uywayku
Suwa allqu mistikuna
kunan makiykupi wañunkichis
Kunan manañan
ñaupañachu kayku
manañan muspaykuchu
ni puñuykuchu
Kunanqa allintam rikchariyku
Karaqo
[…]
Desde el día de hoy
esto carajo se terminó
has de olvidarlo del todo
Ladrón hombres ladrones
Dónde están nuestras chacras
dónde nuestros animales
Ladrones perros mistis
Hoy en nuestras manos van a morir
Hoy no somos ya
como en el tiempo pasado
ya no estamos delirando
ni durmiendo
Hoy pues empezamos a despertar del todo
carajo
Ama wayqey manchankichu
fulano hermano
rumi chiqchi chayaqtinpas
fulano hermano
sara hank’allan ninki
fulano hermano
yawar unu puriqtinpas
fulano hermano
ayrampu unullan ninki
fulano hermano
No temas hermano
fulano hermano
y cuando llegue el granizo de piedra
fulano hermano
dirás “es tostado de maíz nomás”
fulano hermano
y cuando corra el río de sangre
fulano hermano
dirás “es agua de ayrampu nomás”
carajo
Ama wayqey manchankichu
fulano hermano
rumi chiqchi chayaqtinpas
fulano hermano
sara hank’allan ninki
fulano hermano
yawar unu puriqtinpas
fulano hermano
ayrampu unullan ninki
fulano hermano
No temas hermano
fulano hermano
y cuando llegue el granizo de piedra
fulano hermano
dirás “es tostado de maíz nomás”
fulano hermano
y cuando corra el río de sangre
fulano hermano
dirás “es agua de ayrampu nomás”
J.M. Arguedas.
jueves, 19 de mayo de 2011
Fantasía + Inteligencia = Poesía !!!
Si quiero poesía en mis costillas,
deberé neutralizar los sentimientos,
deberé con frío inherente
fantasear sin salir del ego.
^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^
Acceder fríamente a la fantasía
es creer que ya no hay días^,
pensar en flores ocultas,
despertar a ciegas,
y con temor, amar;
diferenciar al sol de la luz,
socavar mi yo subjetival.
Un yo impersonal
se resbala en mis reflejos,
no es imposible,
pero al ver que seres ingentes
destrozan el meollo de lo ideal,
aterra, desliza la voluntad.
Debo estar obsesionada conmigo,
debo tener conciencia de un destino,
una diferente auténtica,
nunca inmersa en gravedad,
en constante tirantez,
despegando hacia lo indeseable,
oscilando la timidez.
ÚLTIMOS ESPASMOS: Neutralización del sentimiento: Inicio de la fantasía
Di - ergo
Sé que lo contemplo,
en verdad, es bello.
lo veo tras el sueño
evocado de los credos.
Es sublime cuando intento pensar,
es vacío decir que no siento,
lo miro y sé que es cierto,
y a cuadros aún más intenso.
Impensable, increíble,
rayano a mi locura,
una letra en su figura,
una luz en mi tersura.
Es natural creer que es verdad,
que en las sombras de un espejo
pueda la luz hablar
y delatar al corazón risueño y tenaz,
consumiendo lo amargo,
avivando lo que pudo cegar.
Quid...
Extremadamente pío,
oriundo marino,
su candor reflejaba su todo,
mil azures se desprendían a su anchura.
Él custodiaba el perfume del mundo.
Él poseía el bravío de las ondas iracundas.
Él mecía a la luna en noches oscuras,
y combinando su pavor con la locura
se sinceró a lo adverso,
destruyó los cielos y tempestades poblaron la Tierra,
desterró a las almas que servían al glorioso;
reinventó la vida apagando vidas.
Y a escaso tiempo se acordó de ella.
Solitaria, vagaba por las nebulosas;
sus pupilas destrozadas por el odio,
insufrible a más no poder.
Su ignorancia al engaño lo sucumbió entero,
lo que una vez dijo terminó en pecado.
la vida es tan difícil de rehacer,
siempre hay astillas en el reino del pino.
La osciló del brazo con letal lividez,
no hubo respuesta desligada a lo execrable,
y ante la poca cáfila que había, se perdió, inhibida.
Torcido, enmarañado en ideales contrariados,
desdeñó su piel, su ley, sus palabras de hiel;
era tarde, era pronto, era el el azul en los ojos de Brida.
Se abalanzó con la mirada, hurgando entre nubes,
gimiendo por el sol embozado, vacilante del delirio,
y tras siete penumbras cayó complacido sobre la niebla.
Brida, impávida, indolente, atisbó la sangre, las lágrimas,
el último lecho del quien tanto amó; parpadeó,
y una fulgente luz redentora desfiguró el destino:
Brida desvanecía sus injurias y buscaba el corazón amado,
el gélido pecho, y la palabra "perdón" enajena su alma con brazos tibios,
el fin del calor corpóreo, ígneo, como lo fue en el tiempo del manantial.
Y ahora, tras siete siglos, ella carga la ausencia,
intenta domar los tiempos so presión del viento,
lee libros sobre amores ajenos desterrándose en silencio.
Ella aún siente su aroma ultramarino.
Ella puede cerrar los ojos y saber que él está vivo,
deseando sólo converger sus almas en rotundo vuelo,
sin designios, sin delirios,
solos, a orillas de los cielos.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Perspectivas subjetivas
Exámenes prolijos. Claramente ya me estoy volviendo culta. La razón por la que escribo y mi razón de ser se confunden a menudo en cada nueva travesía que empiezo y que no sé cuándo terminará. Confío en mí. Sé que puedo confundirme en insignificancias, pero aún así creo exhaustivamente en cada cosa que hago. Hoy fue el examen para la admisión a San Marcos. Aún no sé si distingo mi fe de lo inseguro. Una paradoja sería la razón por la que me siento tan mal y erróneamente altanera, como si mi resurrección no hubiera sido consumada, clavada aún sin la cabeza a gachas. Siento que mi gravedad se acelera, pero al contrario, no caigo; y eso es lo que marca mi inadmisible indecisión frente a la credibilidad que poseo de mi propio instinto.
Caminé unos minutos, acechando las sombras de otros postulantes; había sol pero no calor. Terminé mi ruta al oír etéreas voces que pregonaban ventas de lápices y demás utensilios indispensables para el examen. Me sentí abrumada ante la masa de gente, más aún cuando era casi imposible caminar a largos pasos. La ofuscación fue lo primero, y después vino la actitud inverosímil para salir de eso. El gentío ladraba a mil truenos, lo único dable que hice fue callar a alguno y preguntar.
La hilera humana era infinita, al principio. Luego de andar a pasos de pingüino, llegué al final de la línea y con premura brinqué al siguiente puesto en la fila. Ese era el comienzo de la competencia.
Decidí entonces hacer amistad con cualquiera que sepa dónde está mi lugar en la universidad, porque yo ni idea de la facultad o camino a seguir. Ladeé mi cabeza hacia la derecha, y vi a dos chicas que parecían tranquilas, les pregunté para qué facultad iban los postulantes a literatura, por suerte, ellas eran de humanidades, así que estábamos en lo mismo y las seguí.
Ya adentrándome en la facultad, me separé de ellas y empecé a buscar mi aula. Me confundí 2 veces de salón; suena hilarante pero estaba nerviosa, aunque no se notaba. Y al llegar al indicado me pidieron la información correspondiente y me senté en la carpeta que me asignaron. Tras de mí se encontraban dos chicos demasiado elocuentes. Uno de ellos me pidió la hora, y luego el habla. Lo toleré porque también era de literatura, y al parecer le caí bien; y a su amigo o conocido, de la misma manera. Platicamos hasta que nos callaran. Me preguntaban poco referente al examen. Él de literatura era el más locuaz, y para que no me preguntara cosas que no quería responder directamente, le comenté sin medias tintas mi edad y mi cumpleaños, claro que en tono disimulado e ido. Y fue cuando le interesé más y hablamos más pero con sigilo. Realmente no me interesaba, aunque yo a él sí. Yo sólo charlaba con él para no ponerme nerviosa al momento de mi prueba final, además en esos momentos, yo, ya estaba muy lejos del mundo de los romances de un día, solamente estaba centrada en rendir bien lo que repercutiría después en mi vida.
Empezó el examen. El sonido de desvanecimiento del carboncillo y los pasos lentos y esporádicos de los profesores que nos custodiaban eran lo único que se podía percibir. La batalla estaba dispuesta a ser ganada, pero no fue así. No me contuve a dejar sin pintar las pequeñas circunferencias de la cartilla de respuestas. Quizá mi inconsciencia infundada fue mi maldición. No me detenía, pero el tiempo sí. Todos entregamos las cartillas y seguimos el tan ansiado regreso a casa para ver las miradas de nuestros padres sonreír y decirnos: -“¡Qué tal hija! ¡Cómo te fue campeona! ¡Lo lograste, sé que lo lograste!- Lastimosamente, ese no fue mi caso. Yo no tenía cara ni alegría que mostrar, ni ganas tenía de retornar. Sabía que mi sadismo por dejar las huellas del carboncillo en ese bendito papel níveo no iban a permitirme, siquiera, un esbozo de sonrisa cualquiera.
Salí de aquel añorado recinto, y a pocos pasos de la puerta de nuevo al ruedo de la procesión. Tardé más de 15 minutos en pasar por esa media cuadra llena de muchedumbre, clamando por sus héroes y heroínas, jóvenes que enorgullecerían a toda una familia. En esa trama, sólo pude dominar mis emociones y escupirlas sobre el pavimento. Tenía que, de alguna forma, volver a casa, sin cara, sin emociones, sin nada; buscando mis sesos, ¿en dónde los tuve a la hora del ansiado juicio?
Tomé un ómnibus, casi vacío para contradecir a mis instintos. Instintos asesinos, que me arrimaron al abismo con su qué debo vivir de la sociedad; será más bien, vivir a cuestas de la torpeza espiritual de otros que no sirven más que sólo para humillar y acribillar existencias en su punto más endeble, y aún así cautivar a más inocentes, recién abdicados del seno familiar; sustraídos, enmarañados y orientados a caer en garras de la dependencia del halago para sentirse, por mínimas veces, importantes.
Sin confiar en mis instintos, y con sólo el cerebro trabajando, llegué a la morada familiar. Mis tíos maternos habían venido de visita, les saludé, y abatida recorrí mi sala que se hacía pequeña hasta entrar a la cocina, donde mi madre hacía lo posible para preparar un apetitoso almuerzo destinado a la celebración mi examen atinado. Saludé a mi madre, religiosamente, y me fui apresuradamente al cuarto colindante a esa área. Mi madre me siguió acaloradamente, presentía la razón de ese beso endurecido en su mejilla y del abrazo que entumeció su sangre por segundos nimios…
Caminé unos minutos, acechando las sombras de otros postulantes; había sol pero no calor. Terminé mi ruta al oír etéreas voces que pregonaban ventas de lápices y demás utensilios indispensables para el examen. Me sentí abrumada ante la masa de gente, más aún cuando era casi imposible caminar a largos pasos. La ofuscación fue lo primero, y después vino la actitud inverosímil para salir de eso. El gentío ladraba a mil truenos, lo único dable que hice fue callar a alguno y preguntar.
La hilera humana era infinita, al principio. Luego de andar a pasos de pingüino, llegué al final de la línea y con premura brinqué al siguiente puesto en la fila. Ese era el comienzo de la competencia.
Decidí entonces hacer amistad con cualquiera que sepa dónde está mi lugar en la universidad, porque yo ni idea de la facultad o camino a seguir. Ladeé mi cabeza hacia la derecha, y vi a dos chicas que parecían tranquilas, les pregunté para qué facultad iban los postulantes a literatura, por suerte, ellas eran de humanidades, así que estábamos en lo mismo y las seguí.
Ya adentrándome en la facultad, me separé de ellas y empecé a buscar mi aula. Me confundí 2 veces de salón; suena hilarante pero estaba nerviosa, aunque no se notaba. Y al llegar al indicado me pidieron la información correspondiente y me senté en la carpeta que me asignaron. Tras de mí se encontraban dos chicos demasiado elocuentes. Uno de ellos me pidió la hora, y luego el habla. Lo toleré porque también era de literatura, y al parecer le caí bien; y a su amigo o conocido, de la misma manera. Platicamos hasta que nos callaran. Me preguntaban poco referente al examen. Él de literatura era el más locuaz, y para que no me preguntara cosas que no quería responder directamente, le comenté sin medias tintas mi edad y mi cumpleaños, claro que en tono disimulado e ido. Y fue cuando le interesé más y hablamos más pero con sigilo. Realmente no me interesaba, aunque yo a él sí. Yo sólo charlaba con él para no ponerme nerviosa al momento de mi prueba final, además en esos momentos, yo, ya estaba muy lejos del mundo de los romances de un día, solamente estaba centrada en rendir bien lo que repercutiría después en mi vida.
Empezó el examen. El sonido de desvanecimiento del carboncillo y los pasos lentos y esporádicos de los profesores que nos custodiaban eran lo único que se podía percibir. La batalla estaba dispuesta a ser ganada, pero no fue así. No me contuve a dejar sin pintar las pequeñas circunferencias de la cartilla de respuestas. Quizá mi inconsciencia infundada fue mi maldición. No me detenía, pero el tiempo sí. Todos entregamos las cartillas y seguimos el tan ansiado regreso a casa para ver las miradas de nuestros padres sonreír y decirnos: -“¡Qué tal hija! ¡Cómo te fue campeona! ¡Lo lograste, sé que lo lograste!- Lastimosamente, ese no fue mi caso. Yo no tenía cara ni alegría que mostrar, ni ganas tenía de retornar. Sabía que mi sadismo por dejar las huellas del carboncillo en ese bendito papel níveo no iban a permitirme, siquiera, un esbozo de sonrisa cualquiera.
Salí de aquel añorado recinto, y a pocos pasos de la puerta de nuevo al ruedo de la procesión. Tardé más de 15 minutos en pasar por esa media cuadra llena de muchedumbre, clamando por sus héroes y heroínas, jóvenes que enorgullecerían a toda una familia. En esa trama, sólo pude dominar mis emociones y escupirlas sobre el pavimento. Tenía que, de alguna forma, volver a casa, sin cara, sin emociones, sin nada; buscando mis sesos, ¿en dónde los tuve a la hora del ansiado juicio?
Tomé un ómnibus, casi vacío para contradecir a mis instintos. Instintos asesinos, que me arrimaron al abismo con su qué debo vivir de la sociedad; será más bien, vivir a cuestas de la torpeza espiritual de otros que no sirven más que sólo para humillar y acribillar existencias en su punto más endeble, y aún así cautivar a más inocentes, recién abdicados del seno familiar; sustraídos, enmarañados y orientados a caer en garras de la dependencia del halago para sentirse, por mínimas veces, importantes.
Sin confiar en mis instintos, y con sólo el cerebro trabajando, llegué a la morada familiar. Mis tíos maternos habían venido de visita, les saludé, y abatida recorrí mi sala que se hacía pequeña hasta entrar a la cocina, donde mi madre hacía lo posible para preparar un apetitoso almuerzo destinado a la celebración mi examen atinado. Saludé a mi madre, religiosamente, y me fui apresuradamente al cuarto colindante a esa área. Mi madre me siguió acaloradamente, presentía la razón de ese beso endurecido en su mejilla y del abrazo que entumeció su sangre por segundos nimios…
jueves, 2 de septiembre de 2010
Ja wir sind frei, wir sind ganz frei...
¿Libertad?... de que la tengo la tengo, del modo que aparenta, la cuestión es que me aturde responderle a mi subconsciente cada vez que puedo hacer algo y, pues, ¡no lo hago! Palabras van , cirios vienen y en una excéntrica se detienen. Nadie toca mi puerta, no hay sensibilidad a la vista, mi reloj estornuda su último retorcido tic tac (jamás le cambiaré las pilas, ¡todo debe parar!, pero forma sorpresiva).Y yo... yo sigo en mi libertad: humillantes efectos de la realidad, custodiada por sorbos rebalsantes de un vino seco, templado, estimulante al quebranto de mis blancas llamaradas, más humeantes que sus propias lágrimas ya estériles. Sólo queda maldecir a la libertad muy mal entendida. Todo me dirige al exilio del placer etílico y a sueltas de humareda, pero... no caeré en mis sucias palabras cortavientos, me niego a abordar nuevos sueños que más que fugaces son necios, tanto las leves rupturas como frenos. Nada me sirve de consuelo. Confusión al extremo, brr... blap... mi tenaz mente de acero flagrante ¿tú y yo cuando cambiaremos?
Aligerando el punto donde habito, voy desmantelando una cama, un closet y mi cara. Concentración, concentración. Conservo a ciegas el retrato de una niña, cuya infancia me retrae con sobreestimada fuerza, agonía. Su semblante cautivaba miradas, ahogaba seres en auténticas sonrisas, destellaba en dulzura lejos de lo amargo de la vida y, como si fuera poco, ningún futuro oblicuo albergaban sus narices. No execraba ni deseaba paletitas, ¡ella era la música, ella era vida!, inocente iba tras un sendero de margaritas infestadas in ventrem por sadismos, masoquismos y temblores del sino.
Aligerando el punto donde habito, voy desmantelando una cama, un closet y mi cara. Concentración, concentración. Conservo a ciegas el retrato de una niña, cuya infancia me retrae con sobreestimada fuerza, agonía. Su semblante cautivaba miradas, ahogaba seres en auténticas sonrisas, destellaba en dulzura lejos de lo amargo de la vida y, como si fuera poco, ningún futuro oblicuo albergaban sus narices. No execraba ni deseaba paletitas, ¡ella era la música, ella era vida!, inocente iba tras un sendero de margaritas infestadas in ventrem por sadismos, masoquismos y temblores del sino.
jueves, 19 de agosto de 2010
Desengaños del mago
Bueno, esta vez no voy a postear un poema que haya escrito, más bien, rendiré un cierto homenaje a una de mis influencias: Manuel Scorza.
Éste novelista y poeta compatriota nuestro, a pesar de ser parte del indigenismo (de la generación del '60) es sádicamente quimérico y a la vez su ironía es digna de ser contagiada por todos los "anormales"(¿me entienden verdad?). Y aunque su realidad en aquellas épocas no fue la mejor de sus fantasías soñadas, sobrevivió emocionalmente ante su exilio, a penas a la edad de 20 años. Pero a la dictadura de Odría le salió el tiro por la culata, ya que aprendió lo suficiente en el extranjero como para ser uno de los mejores poetas de mi colección personal.
Y sin más historias les presento, al lírico utópico de la realidad, al transformador de contextos ilusos en puro ensueño... con ustedes... Manuel Scorza , y su poema "Desengaños del Mago":

I
Antaño yo vivía en una torre que custodiaban tardes de susurrantes collares.
Yo acechaba a las caravanas que, al caer los crepúsculos, entraban en los patios polvorientas de azul.
Yo jamás dormía.
Pero tal vez dormí, tal vez soñé que un ruiseñor sediento secaba los mares.
Porque tortugas sospechosas empezaron a seguirme.
Yo tenía diez años y en las tardes miraba flotar en los estanques ciudades de ojos magnéticos.
Cada noche la marea depositaba en los árboles islas dormidas.
En bosques de miel aguardaba a Lucy, la diminuta niña de cuernos relucientes.
Lucy sollozaba por los elefantes enredados en mi barba.
Lucy era una gaviota.
Yo era un cangrejo, un lirio, un árbol relampagueante.
II
Déborah: si alguna vez desciendes de los tejados, si alguna vez emerges de los cementerios donde vives, y cruzas (ave o demonio) por la Plaza del Oso, me verás bajo la lluvia esperándote. Porque amé tu calavera de conejo, amé hasta enloquecer tu rostro dañino.
Déborah y yo cabalgamos sobre un escarabajo de ojos penetrantes y
en días de tristeza recorrimos espejos, uniformados de azur.
Déborah se mataba las pulgas mientras yo recitaba mis Grandes
Cantos.
Sólo una vez me permitió besarla. Fue en los jardines: la primavera silbaba su tonadilla mientras ella movía la cola, azorada.
Pero tan pronto la besé, sacudió el polen de su falda, aulló a la luna y huyó por los desfiladeros.
Yo felizmente era un topo, yo dichosamente excavé un túnel.
Yo estaba solo amancebado con la luna.
Bien lo sabes, Déborah, mi araña incomparable.
¡Oh mi alondra!
¡Oh mi cítara enlutada!
III
Antaño fui un Mago Melancólico y panteras invulnerables me seguían arropadas en sus sedas.
A mi conjuro brotaron manantiales de rubí.
Poblé los cielos de bondadosos monstruos.
Yo tenía veinte años: el año empezaba.
No temblé cuando la abominable tripulación puso proa al paraíso.
¡Proa al paraíso, charcos de azul!
(“¡Nunca te traicionaré!, ¡no me rendiré mientras chapoteen las sirenas!” —Mentíale a mi musa).
Yo era inmortal, era divino.
Remonté ríos de erizados dientes.
Era el tiempo maldito de mi generación.
Todavía escucho gritar a los unicornios pisados por la multitud.
Éste novelista y poeta compatriota nuestro, a pesar de ser parte del indigenismo (de la generación del '60) es sádicamente quimérico y a la vez su ironía es digna de ser contagiada por todos los "anormales"(¿me entienden verdad?). Y aunque su realidad en aquellas épocas no fue la mejor de sus fantasías soñadas, sobrevivió emocionalmente ante su exilio, a penas a la edad de 20 años. Pero a la dictadura de Odría le salió el tiro por la culata, ya que aprendió lo suficiente en el extranjero como para ser uno de los mejores poetas de mi colección personal.
Y sin más historias les presento, al lírico utópico de la realidad, al transformador de contextos ilusos en puro ensueño... con ustedes... Manuel Scorza , y su poema "Desengaños del Mago":
DESENGAÑOS DEL MAGO

I
Antaño yo vivía en una torre que custodiaban tardes de susurrantes collares.
Yo acechaba a las caravanas que, al caer los crepúsculos, entraban en los patios polvorientas de azul.
Yo jamás dormía.
Pero tal vez dormí, tal vez soñé que un ruiseñor sediento secaba los mares.
Porque tortugas sospechosas empezaron a seguirme.
Yo tenía diez años y en las tardes miraba flotar en los estanques ciudades de ojos magnéticos.
Cada noche la marea depositaba en los árboles islas dormidas.
En bosques de miel aguardaba a Lucy, la diminuta niña de cuernos relucientes.
Lucy sollozaba por los elefantes enredados en mi barba.
Lucy era una gaviota.
Yo era un cangrejo, un lirio, un árbol relampagueante.
II
Déborah: si alguna vez desciendes de los tejados, si alguna vez emerges de los cementerios donde vives, y cruzas (ave o demonio) por la Plaza del Oso, me verás bajo la lluvia esperándote. Porque amé tu calavera de conejo, amé hasta enloquecer tu rostro dañino.
Déborah y yo cabalgamos sobre un escarabajo de ojos penetrantes y
en días de tristeza recorrimos espejos, uniformados de azur.
Déborah se mataba las pulgas mientras yo recitaba mis Grandes
Cantos.
Sólo una vez me permitió besarla. Fue en los jardines: la primavera silbaba su tonadilla mientras ella movía la cola, azorada.
Pero tan pronto la besé, sacudió el polen de su falda, aulló a la luna y huyó por los desfiladeros.
Yo felizmente era un topo, yo dichosamente excavé un túnel.
Yo estaba solo amancebado con la luna.
Bien lo sabes, Déborah, mi araña incomparable.
¡Oh mi alondra!
¡Oh mi cítara enlutada!
III
Antaño fui un Mago Melancólico y panteras invulnerables me seguían arropadas en sus sedas.
A mi conjuro brotaron manantiales de rubí.
Poblé los cielos de bondadosos monstruos.
Yo tenía veinte años: el año empezaba.
No temblé cuando la abominable tripulación puso proa al paraíso.
¡Proa al paraíso, charcos de azul!
(“¡Nunca te traicionaré!, ¡no me rendiré mientras chapoteen las sirenas!” —Mentíale a mi musa).
Yo era inmortal, era divino.
Remonté ríos de erizados dientes.

Era el tiempo maldito de mi generación.
Todavía escucho gritar a los unicornios pisados por la multitud.
Todavía oigo al gentío himplando para que abdique.
Pero yo no cambio de plumaje: me niego a iluminar con mi canto los fétidos establos de la noche.
No más embustes:
Que el Poeta se quite el antifaz y muestre su pico afilado.
Porque rabiosos ejércitos nos buscan.
Mas yo vuelo hacia el futuro, yo anido entre inmortales.
Os prometo que una brisa de alondras refrescará el infierno.
IV
Pero llegó el tiempo del murciélago.
En los caminos colgaron a los elfos.
Pintarrajearon a las hadas antes de forzarlas.
Fracasaron mis magias.
Vagué por llanuras de trapo.
Me llené de moscas como un verano gordo.
Estuve en Samarkanda, la de cabeza sumergida.
Sólo insectos poblaban tu urbe, Desesperación, ¡Oh Desolado, sólo su pueblo ciego te miró envejecer ante las murallas!
Atravesé salones enjoyados donde el tigre husmeaba: tigres gigantescos entre cuyas zarpas pasan ríos despavoridos.
Hasta que huí de aquellas tribus.
Así llegué a Nínive, la de sangrantes ojos.
La tarde era un pez de tetas fosfóricas: el río arrastraba imperios de oro danzante: yo mismo era una serpiente entre tanta belleza.
Tuve suerte: me amamantó una hembra cuya gordura a los naturales aniquilaba.
Yo saludo a la que me llevó muérdago y ratones frescos a mi cubil, yo celebro a la que lamía mis cabellos dolorosamente.
Pero yo no cambio de plumaje: me niego a iluminar con mi canto los fétidos establos de la noche.
No más embustes:
Que el Poeta se quite el antifaz y muestre su pico afilado.
Porque rabiosos ejércitos nos buscan.
Mas yo vuelo hacia el futuro, yo anido entre inmortales.
Os prometo que una brisa de alondras refrescará el infierno.
IV
Pero llegó el tiempo del murciélago.
En los caminos colgaron a los elfos.
Pintarrajearon a las hadas antes de forzarlas.
Fracasaron mis magias.
Vagué por llanuras de trapo.
Me llené de moscas como un verano gordo.
Estuve en Samarkanda, la de cabeza sumergida.
Sólo insectos poblaban tu urbe, Desesperación, ¡Oh Desolado, sólo su pueblo ciego te miró envejecer ante las murallas!
Atravesé salones enjoyados donde el tigre husmeaba: tigres gigantescos entre cuyas zarpas pasan ríos despavoridos.
Hasta que huí de aquellas tribus.
Así llegué a Nínive, la de sangrantes ojos.
La tarde era un pez de tetas fosfóricas: el río arrastraba imperios de oro danzante: yo mismo era una serpiente entre tanta belleza.
Tuve suerte: me amamantó una hembra cuya gordura a los naturales aniquilaba.
Yo saludo a la que me llevó muérdago y ratones frescos a mi cubil, yo celebro a la que lamía mis cabellos dolorosamente.
Oh Nínive vestida con mi dicha.
Nínive de ojos inaccesibles
Nínive de torres soñolientas
Nínive donde quedó mi corazón ardiendo
Así empezaban los años de mis inolvidables desgracias, aquel funesto amor que fue mi ruina, mi tesoro de cabellos azules.
V
Al salir me derribaron los coletazos del viento enloquecido por los piojos.
Para vivir compuse canciones: la turba me arrojaba oro entre los barrotes.
Ya era tarde.
Enfermé.
Agonicé en los bosques. Mi trono era la luna; mi cetro, el aullido del lobo.
Peinábame el sol, adulábanme sus hipócritas vasallos.
Yo recordaba el pasado, cuando sobre los delfines en las bahías del alba, fuimos horriblemente felices.
Recliné la frente en las catedrales.
Caían las torres envenenadas.
Sangraban los obeliscos.
Al amanecer, me sentí mejor: estaba muerto.
Entonces el mar encaneció, las islas huyeron...
Nínive de ojos inaccesibles
Nínive de torres soñolientas
Nínive donde quedó mi corazón ardiendo
Así empezaban los años de mis inolvidables desgracias, aquel funesto amor que fue mi ruina, mi tesoro de cabellos azules.
V
Al salir me derribaron los coletazos del viento enloquecido por los piojos.
Para vivir compuse canciones: la turba me arrojaba oro entre los barrotes.
Ya era tarde.

Enfermé.
Agonicé en los bosques. Mi trono era la luna; mi cetro, el aullido del lobo.
Peinábame el sol, adulábanme sus hipócritas vasallos.
Yo recordaba el pasado, cuando sobre los delfines en las bahías del alba, fuimos horriblemente felices.
Recliné la frente en las catedrales.
Caían las torres envenenadas.
Sangraban los obeliscos.
Al amanecer, me sentí mejor: estaba muerto.
Entonces el mar encaneció, las islas huyeron...
sábado, 7 de agosto de 2010
¿Me iré? y no miento, mentira.
No estoy segura de lo que pasa fuera de mí pero sé que estoy mintiendo en cada "sí" que digo. Estos últimos días, mi alma ha rasgado un poco de valor y seguí a los normales. He visto lo que es dañar una corriente de aire sin pisar por más de un segundo lo concreto. La invisibilidad ante la luz es tan prolija de explicar; si tan sólo la lluvia cesara y no me vea más, nadie me distinguiría de lo que es real, y la luna pecaría por sucumbir ante el mar, otra vez.
Ya que tan solo execrar a los vientos y aventurarme a la nada no me alienta; mi única salida será el exilio de mi ser, teniendo en cuenta de que nunca bastaré para los que no ven y que la fe es una reacción innata cuando uno está al borde de la muerte.
Ante la pronta expiración metafórica que me acelera, las palabras puntiagudas destinadas a herir no lo hacen. Estoy en un estado de inercia tan profunda que a lo mejor mi subconsciente juega irracionalmente conmigo.
¡Qué tal estado de evanescencia espiritual!, las manos blindadas de incontrolables suspiros arrasan lo copioso de mi destino, y en fin, la dejadez de mi suplicio no me corresponde como debería.
Confusa suplico. Esos delicados roces son tan estruendosos en lo interno, o es que acaso no fingen valor a la hora de derretir estrellas sobre huesos.
Ya mañana será el ocaso y solo espero tu aliento...
Ya que tan solo execrar a los vientos y aventurarme a la nada no me alienta; mi única salida será el exilio de mi ser, teniendo en cuenta de que nunca bastaré para los que no ven y que la fe es una reacción innata cuando uno está al borde de la muerte.
Ante la pronta expiración metafórica que me acelera, las palabras puntiagudas destinadas a herir no lo hacen. Estoy en un estado de inercia tan profunda que a lo mejor mi subconsciente juega irracionalmente conmigo.
¡Qué tal estado de evanescencia espiritual!, las manos blindadas de incontrolables suspiros arrasan lo copioso de mi destino, y en fin, la dejadez de mi suplicio no me corresponde como debería.
Confusa suplico. Esos delicados roces son tan estruendosos en lo interno, o es que acaso no fingen valor a la hora de derretir estrellas sobre huesos.
Ya mañana será el ocaso y solo espero tu aliento...
lunes, 19 de julio de 2010
JA...........JA................JA, UNA RISA QUE SE ALEJA
Cambiando mis posibilidades de poder detener el tiempo, quisiera que vaya aún más rápido...y que no cambie de mando...que siga con la misma actividad...(qué mal inicio)... Mi vida está más voluble que nunca, sólo digo bla bla bla y aún así me entienden, qué contradicción
Y ahora, los últimos cambios que noto en mí no son nada buenos: primero, ya no hablo sobre gatos, que triste, me encanta, pero ya no tengo palabras para ellos o ellas; segundo, ya no se me ocurren ideas sobre que escribir...quiero pero no puedo...esperen ya puedo..uff. que alivio... y otro cambio sería el de mi humor...todo me molesta..especialmente que me hablen...pero que puedo hacer no aguanto ni mis palabras...aún así estoy consciente sino no delataría lo que me pasa ¿no?....
Entra el viento, más violento de lo normal, por mi ventana, y ya no tiendo a reír..sólo queda un ligero eco de como hace 2 meses y más, que dice: ja....ja.....ja...muy maquiavélico por cierto... que tal risa...tan extravagante y dolida... Yo siempre quise preguntarme porque reí ese último día de supuesto verano...no debí...Toda esa ilusión que se rompió en pedazos, hecha prácticamente añicos me destruyó tanto que sólo pude hacer lo que no debía: reír...En mi cuarto sólo escucho ese eco de risa sádica y gastada, totalmente personal, esa risa que me deja en el delirio cada vez que vuelvo otra vez a ese día, en sueños... Superficialmente no me afectó, ya que mis lágrimas fueron mínimas frente a ella, " jamás me debilité en sus ojos "(estoy mintiendo), está bien, me resbale en el veneno de sus ojos y por eso quede así: tendida en la mitad de mi cuarto suplicando para que ella volviera, pero no...luego, como es obvio, rehabilité unas palabras amigas de aliento...y decidí dejar todo aunque me perdiera del radar.. no soy buena para recordar cosas malas sobre ella...sus pestañas me embrujaron y simplemente desvanecí mis sentimentos por ella...por ella...cosa que no creí poder hacerlo nunca.pero lo hice...y bien, por ella me perdí del radar de la gente y me exilié en mi habitación..y ahí sigo....ella me engaño y yo también a ella. Le mentí al decirle que ya no la quería....SNIFF..¿más dilemas? Noooo!...Lo único con lo que puedo terminar esto debe ser la absoluta incredibilidad...ya no creeré más en nadie?...tal vez hasta que encuentre a alguién más en quien pensar.
Y ahora, los últimos cambios que noto en mí no son nada buenos: primero, ya no hablo sobre gatos, que triste, me encanta, pero ya no tengo palabras para ellos o ellas; segundo, ya no se me ocurren ideas sobre que escribir...quiero pero no puedo...esperen ya puedo..uff. que alivio... y otro cambio sería el de mi humor...todo me molesta..especialmente que me hablen...pero que puedo hacer no aguanto ni mis palabras...aún así estoy consciente sino no delataría lo que me pasa ¿no?....
Entra el viento, más violento de lo normal, por mi ventana, y ya no tiendo a reír..sólo queda un ligero eco de como hace 2 meses y más, que dice: ja....ja.....ja...muy maquiavélico por cierto... que tal risa...tan extravagante y dolida... Yo siempre quise preguntarme porque reí ese último día de supuesto verano...no debí...Toda esa ilusión que se rompió en pedazos, hecha prácticamente añicos me destruyó tanto que sólo pude hacer lo que no debía: reír...En mi cuarto sólo escucho ese eco de risa sádica y gastada, totalmente personal, esa risa que me deja en el delirio cada vez que vuelvo otra vez a ese día, en sueños... Superficialmente no me afectó, ya que mis lágrimas fueron mínimas frente a ella, " jamás me debilité en sus ojos "(estoy mintiendo), está bien, me resbale en el veneno de sus ojos y por eso quede así: tendida en la mitad de mi cuarto suplicando para que ella volviera, pero no...luego, como es obvio, rehabilité unas palabras amigas de aliento...y decidí dejar todo aunque me perdiera del radar.. no soy buena para recordar cosas malas sobre ella...sus pestañas me embrujaron y simplemente desvanecí mis sentimentos por ella...por ella...cosa que no creí poder hacerlo nunca.pero lo hice...y bien, por ella me perdí del radar de la gente y me exilié en mi habitación..y ahí sigo....ella me engaño y yo también a ella. Le mentí al decirle que ya no la quería....SNIFF..¿más dilemas? Noooo!...Lo único con lo que puedo terminar esto debe ser la absoluta incredibilidad...ya no creeré más en nadie?...tal vez hasta que encuentre a alguién más en quien pensar.
miércoles, 14 de julio de 2010
Metamorfosis...

Y pensar que gracias a una amiga..pero una amiga amiga..todo fue color azul algún día...y ahora que ya estoy en una fase terminal de mi personalidad, aunque creo que es mentira (fácilmente tiendo a mentirme, es sólo ocasional, NO, espera...tal vez sea un invento fallido para creerme madura, sí..eso es), las cosas giran como deberían...
EL PRIMER CAMBIO puede que sea comparado con la metamorfosis de una mariposa... Mirar la vida como si fuera el inicio de una futura mariposa es demasiado complicado...Pero cuando ya lo eres todo se torna tecnicolor... tal vez un amarillo acaramelado o un rosado grisáceo...de ese color es todo lo que eres y ves...
martes, 13 de julio de 2010
Sin nada de...¿todo?
Las tristes mañanitas (que cursi) me ayudaron en mi propósito esta vez, es decir, esta vez fue indispensable un cielo gris arriba mio. La locura de los 17 años está apunto de terminar en mí (al menos eso siento), y ya no tengo ganas de ser lo que solía. Mis tontas alucinaciones de chiquilla interesante y melancólica dieron a su fin. En sí, sólo quiero aclarar que ser alguien masoquista y bohemio no significa ser una bestia, la cuestión es saber bien que los ojos no pueden ver la realidad absoluta del alma...Sólo para pensarlo...¿no sería trágico si todos fuéramos lo que cada uno presiente que es?..sería espantoso..horrendo, empalagoso...no lo toleraría...es más, nadie podría motivarse a buscarse a sí mismos, todos ya sabrían lo que son y todo quedaría perdido...
Las ocasiones para seguir el hilo que estuvo por romperse alguna vez siguen latentes. Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos sólo aparentan libertinajes dentro de nuestros pensamientos... nos ahuyentan el placer de conocernos. Si tan poco cerebro puede manejar unos brazos largos, porque también no puede manejarnos. Debe haber una lucha contra el autocontrol inconsciente!!!!
Después de un tan corto monólogo, ya me dio sed...jaja...
Insisto pues,...no ya no...(que poca fuerza de voluntad tienes Agnus), prefiero seguir con lo de mis tristes mañanitas...
Tras unas cuantas jaladas de oreja (imaginarias, porsupuesto...auh!!)...La vida hoy me cayó a pelo. Algunas veces mis viejos recuerdos me exilian fuera de aquí por unos minutos, pero lo bueno es que no son horas!!!... Vaya y pensar que nunca podré volver a cantar en público...uff..que tal dilema el mío...
Las ocasiones para seguir el hilo que estuvo por romperse alguna vez siguen latentes. Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos sólo aparentan libertinajes dentro de nuestros pensamientos... nos ahuyentan el placer de conocernos. Si tan poco cerebro puede manejar unos brazos largos, porque también no puede manejarnos. Debe haber una lucha contra el autocontrol inconsciente!!!!
Después de un tan corto monólogo, ya me dio sed...jaja...
Insisto pues,...no ya no...(que poca fuerza de voluntad tienes Agnus), prefiero seguir con lo de mis tristes mañanitas...
Tras unas cuantas jaladas de oreja (imaginarias, porsupuesto...auh!!)...La vida hoy me cayó a pelo. Algunas veces mis viejos recuerdos me exilian fuera de aquí por unos minutos, pero lo bueno es que no son horas!!!... Vaya y pensar que nunca podré volver a cantar en público...uff..que tal dilema el mío...
SALVAXION: DesenfrenadO DramA ExistenciaL
Lo siguiente es lo más parecido a un poema que pude escribir algún día, un día de esos cuando no sabes si despejar tu mente saliendo a la puerta de tu casa o simplemente recluirte en lo más oscuro de tu cuarto y observar a través de un muro de cristal todo lo que no te atreves a presenciar. Mejor dicho, un día de decepción, algún drama existencial personal. Esto es lo poco que pude rescatar después de que un virus borrara sin piedad parte de mis archivos (y pido disculpas por imponer a la muerte su presencia en esas líneas, es que deben tomar en cuenta que cuando lo escribí no tenía los ánimos en las nubes, no tanto así que digamos)

SALVAXION
¿Por qué a mí?
si solo estoy aquí
y no digo nada
el miedo es tan incontrolable
sigue corriendo por mis venas,
sigue,
y aún yo viva,
pero si ya he muerto,
¿Por qué sigo respirando
lo que tú también respiras?
Espero,
tal vez mi espíritu está ahí,
aunque no lo veo,
yo sigo muerta,
a la vista de todos,
y así me hablan,
así me escuchan,
todos…
siempre han sido
tan raros para mí
Siempre,
todas las cosas que dije
enmascaradas tras una burda agonía
te mentía en cada sonrisa,
tú en cada palabra
que puedo decir,
esa era mi vida
¡No más!,
me apena pensar en ti,
porque no te recuerdo
como debería;
porque jamás
te he visto como eres.
Solo soñaba en rosas,
no me percaté de tus espinas
No quiero verte,
con mis ojos, otra vez no,
quiero volver a morir
sin tener que estar ahí,
y sobrevivir a mis plegarias,
sangrar en mis delirios
en la viva llama de la muerte
tirar mi vida al vacío,
y después sonreír
como buena actriz.
Mis caretas tan usadas están,
pero encontraré la indicada
cada una la veo en la gente,
en cada una de ellas,
de esas con las que compartí mi vida
con las que me hirieron
(me sangraban respiros)
hasta desaparecerme.
Aunque fuera de su vista
ya nada me aqueja,
sigo en el drama,
ellas lo observan
No me conozco,
es casi lo más seguro,
aunque lo contrario es lo que saben;
no he tenido nada que ver conmigo,
todos me han visto como han querido.
Sé que puedo
hacer todo lo que digan,
lo hago porque no sé
como seré yo frente a eso,
y me da curiosidad.
Al parecer el horizonte
aún tiene libertad.
Miro por dentro de mis ojos
y no me encuentro,
sé que estoy muerta,
pero debe haber alguna razón
por la cual suspiro,
no lo logro entender.
Necesito el aliento de los demás
para poder caminar,
cada paso es un desierto
a lo largo de mi mortalidad
un trecho tan corto al abismo,
camino en frialdad.
Pienso,
y no sé como hago eso,
sólo tengo miles de vidas
esperando ser perdidas,
miles de sonrisas desprendidas,
y eso es lo que más duele,
tener que darlas y recibirlas,
si cada una viene desde adentro,
una creación en el mínimo encuentro,
y aunque, nadie me crea,
nada es peor
de vivir lo que soy,
y tener que fingir
cada sonido,
cada palabra de mi garganta
es una farsa tan realista
tan creíble
que me da miedo pensar
que en una de ellas
esté yo en realidad.
Yo, me consideraron
la viva imagen de la bohemia,
por siempre errante,
aunque casi esa magia no me acompaña,
con ella camino a través de monzones,
a través de desafíos;
mis pies los uso
sólo en un desquebrajado camino,
como en los momentos de alegría,
en esos que me aterra
perder el control y correr de la vida,
las agujas del reloj
ya giran en contra mía.
El bien y el mal están de mi lado,
ambos me protegen,
y me obligan a odiarlos,
como un padre a su hija,
tantas paranoias
sobre una mágica agonía.
Nada es simple,
eso es un cumplido,
si se trata de mí.
Todo lo que está en mis manos
tiende a desvanecerse
con tanta calma y seguridad,
al punto de parecer,
que todo eso ya ocurrió
en un tiempo de oscuridad,
dentro de mis pasadas memorias,
tal vez inmoladas por la futura realidad.
Y,
nunca podré ser,
ya que todo lo que soy
es algo que no recuerdo,
todo tan frío.
Nada sé de mi existencia,
estoy perdida,
y a la vez sigo mis propias pistas,
es una profana confusión,
quizás la confusión
es el lazo truculento que a lo humano, lo hace mío…
Ahora, mi mente duerme,
trabaja mi subconsciente,
profiere la verdad mitómana,
no oculta ningún día
toda mi vida nada asceta,
en un estado de pasmo e inseguridad frenética,
y están obvio pensar
de que sea otra treta más,
pero no, ya no quiero desandar
es la primera vez que no lo voy a intentar.
Esas lágrimas que caen allá
no son una más en mis irreales tristezas.
es la máxima expresión
de una vida profanada de ellas.
Lo cálido se apoderó de mis sentidos,
siento que todo fluye,
hay sangre en cada huella que dejo,
por fin se acerca, la libertad, tan rápida,
sólo espero que lo único que pida
no desvanezca en oídos ajenos a los míos,
y que siga más allá de la razón,
hacia un futuro cercano
cuando mi corazón vuelva a nacer sensible
en la cima de la visibilidad
dentro de un mar sabor a vida
ese día de constante estabilidad sin medida,
ese día será cuando posea el control
y escuche de entre una gritería,
el arrullo de la salvación.
Agnus

SALVAXION
¿Por qué a mí?
si solo estoy aquí
y no digo nada
el miedo es tan incontrolable
sigue corriendo por mis venas,
sigue,
y aún yo viva,
pero si ya he muerto,
¿Por qué sigo respirando
lo que tú también respiras?
Espero,
tal vez mi espíritu está ahí,
aunque no lo veo,
yo sigo muerta,
a la vista de todos,
y así me hablan,
así me escuchan,
todos…
siempre han sido
tan raros para mí
Siempre,
todas las cosas que dije
enmascaradas tras una burda agonía
te mentía en cada sonrisa,
tú en cada palabra
que puedo decir,
esa era mi vida
¡No más!,
me apena pensar en ti,
porque no te recuerdo
como debería;
porque jamás
te he visto como eres.
Solo soñaba en rosas,
no me percaté de tus espinas
No quiero verte,
con mis ojos, otra vez no,
quiero volver a morir
sin tener que estar ahí,
y sobrevivir a mis plegarias,
sangrar en mis delirios
en la viva llama de la muerte
tirar mi vida al vacío,
y después sonreír
como buena actriz.
Mis caretas tan usadas están,
pero encontraré la indicada
cada una la veo en la gente,
en cada una de ellas,
de esas con las que compartí mi vida
con las que me hirieron
(me sangraban respiros)
hasta desaparecerme.
Aunque fuera de su vista
ya nada me aqueja,
sigo en el drama,
ellas lo observan
No me conozco,
es casi lo más seguro,
aunque lo contrario es lo que saben;
no he tenido nada que ver conmigo,
todos me han visto como han querido.
Sé que puedo
hacer todo lo que digan,
lo hago porque no sé
como seré yo frente a eso,
y me da curiosidad.
Al parecer el horizonte
aún tiene libertad.
Miro por dentro de mis ojos
y no me encuentro,
sé que estoy muerta,
pero debe haber alguna razón
por la cual suspiro,
no lo logro entender.
Necesito el aliento de los demás
para poder caminar,
cada paso es un desierto
a lo largo de mi mortalidad
un trecho tan corto al abismo,
camino en frialdad.
Pienso,
y no sé como hago eso,
sólo tengo miles de vidas
esperando ser perdidas,
miles de sonrisas desprendidas,
y eso es lo que más duele,
tener que darlas y recibirlas,
si cada una viene desde adentro,
una creación en el mínimo encuentro,
y aunque, nadie me crea,
nada es peor
de vivir lo que soy,
y tener que fingir
cada sonido,
cada palabra de mi garganta
es una farsa tan realista
tan creíble
que me da miedo pensar
que en una de ellas
esté yo en realidad.
Yo, me consideraron
la viva imagen de la bohemia,
por siempre errante,
aunque casi esa magia no me acompaña,
con ella camino a través de monzones,
a través de desafíos;
mis pies los uso
sólo en un desquebrajado camino,
como en los momentos de alegría,
en esos que me aterra
perder el control y correr de la vida,
las agujas del reloj
ya giran en contra mía.
El bien y el mal están de mi lado,
ambos me protegen,
y me obligan a odiarlos,
como un padre a su hija,
tantas paranoias
sobre una mágica agonía.
Nada es simple,
eso es un cumplido,
si se trata de mí.
Todo lo que está en mis manos
tiende a desvanecerse
con tanta calma y seguridad,
al punto de parecer,
que todo eso ya ocurrió
en un tiempo de oscuridad,
dentro de mis pasadas memorias,
tal vez inmoladas por la futura realidad.
Y,
nunca podré ser,
ya que todo lo que soy
es algo que no recuerdo,
todo tan frío.
Nada sé de mi existencia,
estoy perdida,
y a la vez sigo mis propias pistas,
es una profana confusión,
quizás la confusión
es el lazo truculento que a lo humano, lo hace mío…
Ahora, mi mente duerme,
trabaja mi subconsciente,
profiere la verdad mitómana,
no oculta ningún día
toda mi vida nada asceta,
en un estado de pasmo e inseguridad frenética,
y están obvio pensar
de que sea otra treta más,
pero no, ya no quiero desandar
es la primera vez que no lo voy a intentar.
Esas lágrimas que caen allá
no son una más en mis irreales tristezas.
es la máxima expresión
de una vida profanada de ellas.
Lo cálido se apoderó de mis sentidos,
siento que todo fluye,
hay sangre en cada huella que dejo,
por fin se acerca, la libertad, tan rápida,
sólo espero que lo único que pida
no desvanezca en oídos ajenos a los míos,
y que siga más allá de la razón,
hacia un futuro cercano
cuando mi corazón vuelva a nacer sensible
en la cima de la visibilidad
dentro de un mar sabor a vida
ese día de constante estabilidad sin medida,
ese día será cuando posea el control
y escuche de entre una gritería,
el arrullo de la salvación.
Agnus
jueves, 8 de julio de 2010
Temor al charco
Aquel 03 de junio fue un día estático. Todo parecía no tener movimiento, excepto yo y alguien más.
Estuve sentada por 3 horas y 46 minutos sobre mi cama, bien llamada "lecho de ociosos" por mi padre. Esperaba a que alguien me grite tras la puerta, y sí, alguien lo hizo, pues una corriente de aire profundamente helada rozó uno de mis pies desnudos: mi madre entró al cuarto sin permiso alguno, refunfuñando porque dejé la llave puesta en la puerta de mi habitación. Yo fui absorbida por las paredes mientras me hablaba y empecé en silencio: "¿por qué no puedo dejar a mi llave en libertad?, que sienta un poco la soledad fuera de mi chaqueta, ¿qué tiene mi chaqueta? Mi chaqueta no la extraña". Creía que filosofar era necesario, aunque fuera una simple llave, y por supuesto, el alcohol lo estimulaba más. Estaba en mi faceta de gran pensadora ridícula. Después de verme pensativa y sin haber escuchado una respuesta se fue mi madre. Miré debajo de la cama, el vino se había acabado. Era vino seco, y a pesar de que era amargo disfruté demasiado al beberlo. Oh, no, era magnífico. Quería considerarme una adicta en secreto, ya que jamás probaría ese elixir en frente de la humanidad. ¡Uf! qué sed tuve, definitivamente, ese era un buen secreto, según yo, mi segundo secreto. Nada abrumador, pero para mi familia sí lo era. "Solo los adultos con obligaciones beben alcohol" zumbó en mis oídos.
Llegó el momento de bajar a la sala para conversar con ella, ya que teníamos que salir a unas clases de informática que llevábamos juntas, pero en diferentes salones. Puse el pie izquierdo sobre la escala y de inmediato resbalé por las escaleras ¡plag! Me agradó recordar que era madera. Me paré, di otro paso ¡plag! resbalé y caí otra vez. Terminé muerta de risa, sentía que mi perfume a vino se desvanecería con el dolor. Tomé un baño y salí con mi madre. Fuimos prácticamente volando, era tarde. Las clases empezaban a las 5pm y ya eran las 4pm. ¿Olvidé mencionar que vivo muy lejos del centro de la ciudad? Estábamos a dos horas de distancia, pero mi madre iba a hacer lo imposible por no llegar tarde: desentrañar los misterios de la singularidad de Stephen Hawking, generar un agujero negro y llegar en 1 hora o menos. Casi. No me peiné y salí empapada. Caminé lentamente hacia el carro mientras mi madre me lanzaba impresionantes miradas de fuego. Qué calor tuve. Subí y partimos rumbo a ese instituto. Puse una canción de Joy Division: transmission. Al bajar del auto le avisé que no regresaría con ella porque debía quedarme para un "repaso" y me fui al laboratorio de informática. El profesor justo pasaba la lista:
-¿Santiel?
-¡Presente!
Me acomodé en el escritorio de siempre. Entré, como nunca, al messenger, facebook, a mi blog, en este último me dispuse a escribir rápido algo que tenía en mente. Era lo único que deseaba hacer.
-¿Santiel?
-¡Presente!
Me acomodé en el escritorio de siempre. Entré, como nunca, al messenger, facebook, a mi blog, en este último me dispuse a escribir rápido algo que tenía en mente. Era lo único que deseaba hacer.
Después, como a las 11 y media de la noche, me vi arrastrándome pensativa por el patio de mi casa, recordando el episodio con una chica del curso de la tarde. Ella había pedido permiso para el baño a mitad de la clase, volteó antes de salir por la puerta y cruzamos miradas como si no hubiera mañana. Inmediatamente pedí permiso, salí y tuve la sensación de que me esperaría por las escaleras aledañas al salón. No. Ella se había quedado tras la puerta. Con solo mirar sus ojos en los míos, el alma se diluyó con el cuerpo cual bicarbonato de sodio en una taza de agua hirviendo, lento en silencio; luego, cuando me tomó de la mano y me llevó al baño, añadió el jugo de limón generando una efervescencia brutal. Yo era el color rojo, definitivamente, en todo su esplendor; ella, un pincel intuitivo. No hablamos hasta llegar al baño, donde recuperé el aliento, aire caliente. Cerró la puerta. El baño de chicas estaba solitario como suele pasar en historias perfectas, pero moví los labios y esta vez dije:
-No te amo
Y la besé mientras ella apretaba mi mano izquierda. Era la octava vez que nos veíamos de esa forma y ella era...
-No te amo
Y la besé mientras ella apretaba mi mano izquierda. Era la octava vez que nos veíamos de esa forma y ella era...
¿Mencioné que tenía yo 17 años y un perro que cuidar? Caramelo, Melo de cariño, lamió mi mano y volví a sentir la gravedad de la Tierra. Las luces estaban apagadas. Subí a mi habitación casi a gatas, no tenía ganas de dar las buenas noches. Abrí la puerta, la empujé despacio, y ni bien la cerré entró una llamada: Dari. Empecé a solo escuchar esa canción que tenía por ringtone, orange crush de REM y me metí entre las cortinas aún cerradas. La calle estaba vacía con luces fuertes. Ese amarillo-naranjo me recordó al suéter que traía puesto Dari en la tarde, ese que le quité después de que me estrujara la mano. Me dejó huellas tibias. No reaccionó verbalmente a lo que le mencioné, solo tuvo los ojos bien abiertos durante el tiempo que estuvimos en ese baño, muy limpio y espacioso, por cierto. Entreabría los labios después de cada beso como queriendo articular palabras, pero se convertían en gemidos. Ella había cumplido 20 años un día antes. No fui a su fiesta, ella quería presentarme a sus amistades como novia. Yo veía las cosas diferentes en ese entonces. Solo el placer instantáneo me unía a ella y lo sabía. Su cuerpo pequeño y medio desnudo comenzó a temblar y me abrazó esquivando un beso. Le iba a repetir la frase "no te...", mas ella comenzó a acariciar mi cabello, dejó de apretarme contra su pecho y traspasó mis pupilas con esos volcanes de azúcar moreno mirando fijamente. Musitó palabras prohibidas, conjugaciones desconocidas del idioma amor. La miel llegó a mis labios, fue certera y lo celebramos. Creí haberle dicho sí a todo lo que me propuso, pero después de tener la ropa puesta, brotaron las lágrimas y la sonrisa que siempre Dari tenía tatuada, de pronto carecía de color. Observé mi rostro en el espejo, la expresión estaba tiesa. No era un semblante enamorado, ella lo había notado.
-¿Agnus, eres tú? ¿hija? -bloqueó mi mamá el recuerdo- Tu celular no ha parado de sonar. Apágalo o contesta. ¿Quién te llama a estas horas?
-Es la compañía celular, mamá. Desde hace tiempo insisten con una oferta que no quiero aceptar.
-¡Angurrientos! Apaga esa cosa o bloquéalos. Si uno desea algo, va y punto. Nadie te puede exigir a querer algo que realmente no quieres, más aún, si es algo que no necesitas ahora.
-Espero necesitarlo nunca.
-Ya, hija, duerme.
Apagué el celular y prendí el corazón por error. Mis párpados aún no lograban evadir la poca luz que traspasaba las cortinas y estaba confundida. La lluvia empezó alejando mis oportunidades de conservarme serena. No contestar era herirla más, pero estaba abrumada. ¿Era la ilusión del amor o el amor en sí? Debía intentarlo para saber, pero el amor es inconfundible, existe. Es un aroma que se extiende sin ahogar, una voz en el viento que te envuelve justo antes de sentirte palpado, esa ola del mar que no te llega a mojar. Yo no sentí temblores cuando supe de su existencia la primera vez, pero estando acostada con las ventanas llenas de puntitos de agua por el viento, se vio todo expuesto en miles de fotografías donde Dari y yo contemplábamos quieto al mundo. ¿Era amor, entonces? Oh, perversa la duda que nunca me deja zarpar.
-¿Por qué?
Me cuestioné a mí misma con voz torpe y la respuesta automática, invariable retumbó en mis pensamientos: "porque el amor es siempre intenso y frágil al mismo tiempo. Cambia todo, se entromete y se acomoda en el espacio más cálido de tu ser. Si alguna vez decide mudarse, se lleva hasta su sombra, jurándote que el círculo se creó sin salida, y los sentimientos embebidos terminarán como la lluvia que se acostumbra, al final, a ser solo charco".
De un tirón salí de la cama y me desesperé como si buscara un inhalador. Al final encontré lo que buscaba. Esperé.
-Aló, Dari, gracias por contestar.
-¿Por qué?
Me cuestioné a mí misma con voz torpe y la respuesta automática, invariable retumbó en mis pensamientos: "porque el amor es siempre intenso y frágil al mismo tiempo. Cambia todo, se entromete y se acomoda en el espacio más cálido de tu ser. Si alguna vez decide mudarse, se lleva hasta su sombra, jurándote que el círculo se creó sin salida, y los sentimientos embebidos terminarán como la lluvia que se acostumbra, al final, a ser solo charco".
De un tirón salí de la cama y me desesperé como si buscara un inhalador. Al final encontré lo que buscaba. Esperé.
-Aló, Dari, gracias por contestar.
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