viernes, 26 de noviembre de 2010

Perspectivas subjetivas

Exámenes prolijos. Claramente ya me estoy volviendo culta. La razón por la que escribo y mi razón de ser se confunden a menudo en cada nueva travesía que empiezo y que no sé cuándo terminará. Confío en mí. Sé que puedo confundirme en insignificancias, pero aún así creo exhaustivamente en cada cosa que hago. Hoy fue el examen para la admisión a San Marcos. Aún no sé si distingo mi fe de lo inseguro. Una paradoja sería la razón por la que me siento tan mal y erróneamente altanera, como si mi resurrección no hubiera sido consumada, clavada aún sin la cabeza a gachas. Siento que mi gravedad se acelera, pero al contrario, no caigo; y eso es lo que marca mi inadmisible indecisión frente a la credibilidad que poseo de mi propio instinto.
Caminé unos minutos, acechando las sombras de otros postulantes; había sol pero no calor. Terminé mi ruta al oír etéreas voces que pregonaban ventas de lápices y demás utensilios indispensables para el examen. Me sentí abrumada ante la masa de gente, más aún cuando era casi imposible caminar a largos pasos. La ofuscación fue lo primero, y después vino la actitud inverosímil para salir de eso. El gentío ladraba a mil truenos, lo único dable que hice fue callar a alguno y preguntar.
La hilera humana era infinita, al principio. Luego de andar a pasos de pingüino, llegué al final de la línea y con premura brinqué al siguiente puesto en la fila. Ese era el comienzo de la competencia.
Decidí entonces hacer amistad con cualquiera que sepa dónde está mi lugar en la universidad, porque yo ni idea de la facultad o camino a seguir. Ladeé mi cabeza hacia la derecha, y vi a dos chicas que parecían tranquilas, les pregunté para qué facultad iban los postulantes a literatura, por suerte, ellas eran de humanidades, así que estábamos en lo mismo y las seguí.
Ya adentrándome en la facultad, me separé de ellas y empecé a buscar mi aula. Me confundí 2 veces de salón; suena hilarante pero estaba nerviosa, aunque no se notaba. Y al llegar al indicado me pidieron la información correspondiente y me senté en la carpeta que me asignaron. Tras de mí se encontraban dos chicos demasiado elocuentes. Uno de ellos me pidió la hora, y luego el habla. Lo toleré porque también era de literatura, y al parecer le caí bien; y a su amigo o conocido, de la misma manera. Platicamos hasta que nos callaran. Me preguntaban poco referente al examen. Él de literatura era el más locuaz, y para que no me preguntara cosas que no quería responder directamente, le comenté sin medias tintas mi edad y mi cumpleaños, claro que en tono disimulado e ido. Y fue cuando le interesé más y hablamos más pero con sigilo. Realmente no me interesaba, aunque yo a él sí. Yo sólo charlaba con él para no ponerme nerviosa al momento de mi prueba final, además en esos momentos, yo, ya estaba muy lejos del mundo de los romances de un día, solamente estaba centrada en rendir bien lo que repercutiría después en mi vida.
Empezó el examen. El sonido de desvanecimiento del carboncillo y los pasos lentos y esporádicos de los profesores que nos custodiaban eran lo único que se podía percibir. La batalla estaba dispuesta a ser ganada, pero no fue así. No me contuve a dejar sin pintar las pequeñas circunferencias de la cartilla de respuestas. Quizá mi inconsciencia infundada fue mi maldición. No me detenía, pero el tiempo sí. Todos entregamos las cartillas y seguimos el tan ansiado regreso a casa para ver las miradas de nuestros padres sonreír y decirnos: -“¡Qué tal hija! ¡Cómo te fue campeona! ¡Lo lograste, sé que lo lograste!- Lastimosamente, ese no fue mi caso. Yo no tenía cara ni alegría que mostrar, ni ganas tenía de retornar. Sabía que mi sadismo por dejar las huellas del carboncillo en ese bendito papel níveo no iban a permitirme, siquiera, un esbozo de sonrisa cualquiera.
Salí de aquel añorado recinto, y a pocos pasos de la puerta de nuevo al ruedo de la procesión. Tardé más de 15 minutos en pasar por esa media cuadra llena de muchedumbre, clamando por sus héroes y heroínas, jóvenes que enorgullecerían a toda una familia. En esa trama, sólo pude dominar mis emociones y escupirlas sobre el pavimento. Tenía que, de alguna forma, volver a casa, sin cara, sin emociones, sin nada; buscando mis sesos, ¿en dónde los tuve a la hora del ansiado juicio?
Tomé un ómnibus, casi vacío para contradecir a mis instintos. Instintos asesinos, que me arrimaron al abismo con su qué debo vivir de la sociedad; será más bien, vivir a cuestas de la torpeza espiritual de otros que no sirven más que sólo para humillar y acribillar existencias en su punto más endeble, y aún así cautivar a más inocentes, recién abdicados del seno familiar; sustraídos, enmarañados y orientados a caer en garras de la dependencia del halago para sentirse, por mínimas veces, importantes.
Sin confiar en mis instintos, y con sólo el cerebro trabajando, llegué a la morada familiar. Mis tíos maternos habían venido de visita, les saludé, y abatida recorrí mi sala que se hacía pequeña hasta entrar a la cocina, donde mi madre hacía lo posible para preparar un apetitoso almuerzo destinado a la celebración mi examen atinado. Saludé a mi madre, religiosamente, y me fui apresuradamente al cuarto colindante a esa área. Mi madre me siguió acaloradamente, presentía la razón de ese beso endurecido en su mejilla y del abrazo que entumeció su sangre por segundos nimios…

jueves, 2 de septiembre de 2010

Ja wir sind frei, wir sind ganz frei...

¿Libertad?... de que la tengo la tengo, del modo que aparenta, la cuestión es que me aturde responderle a mi subconsciente cada vez que puedo hacer algo y, pues, ¡no lo hago! Palabras van , cirios vienen y en una excéntrica se detienen. Nadie toca mi puerta, no hay sensibilidad a la vista, mi reloj estornuda su último retorcido tic tac (jamás le cambiaré las pilas, ¡todo debe parar!, pero forma sorpresiva).Y yo... yo sigo en mi libertad: humillantes efectos de la realidad, custodiada por sorbos rebalsantes de un vino seco, templado, estimulante al quebranto de mis blancas llamaradas, más humeantes que sus propias lágrimas ya estériles. Sólo queda maldecir a la libertad muy mal entendida. Todo me dirige al exilio del placer etílico y a sueltas de humareda, pero... no caeré en mis sucias palabras cortavientos, me niego a abordar nuevos sueños que más que fugaces son necios, tanto las leves rupturas como frenos. Nada me sirve de consuelo. Confusión al extremo, brr... blap... mi tenaz mente de acero flagrante ¿tú y yo cuando cambiaremos?
Aligerando el punto donde habito, voy desmantelando una cama, un closet y mi cara. Concentración, concentración. Conservo a ciegas el retrato de una niña, cuya infancia me retrae con sobreestimada fuerza,  agonía. Su semblante cautivaba miradas, ahogaba seres en auténticas sonrisas, destellaba en dulzura lejos de lo amargo de la vida y, como si fuera poco, ningún futuro oblicuo albergaban sus narices. No execraba ni deseaba paletitas, ¡ella era la música, ella era vida!, inocente iba tras un sendero de margaritas infestadas in ventrem por sadismos, masoquismos y temblores del sino.

jueves, 19 de agosto de 2010

Desengaños del mago

Bueno, esta vez no voy a postear un poema que haya escrito, más bien, rendiré un cierto homenaje a una de mis influencias: Manuel Scorza.

Éste novelista y poeta compatriota nuestro, a pesar de ser parte del indigenismo (de la generación del '60) es sádicamente quimérico y a la vez su ironía es digna de ser contagiada por todos los "anormales"(¿me entienden verdad?). Y aunque su realidad en aquellas épocas no fue la mejor de sus fantasías soñadas, sobrevivió emocionalmente ante su exilio, a penas a la edad de 20 años. Pero a la dictadura de Odría le salió el tiro por la culata, ya que aprendió lo suficiente en el extranjero como para ser uno de los mejores poetas de mi colección personal.

Y sin más historias les presento, al lírico utópico de la realidad, al transformador de contextos ilusos en puro ensueño... con ustedes... Manuel Scorza , y su poema "Desengaños del Mago":


DESENGAÑOS DEL MAGO




I
Antaño yo vivía en una torre que custodiaban tardes de susurrantes collares.
Yo acechaba a las caravanas que, al caer los crepúsculos, entraban en los patios polvorientas de azul.
Yo jamás dormía.
Pero tal vez dormí, tal vez soñé que un ruiseñor sediento secaba los mares.
Porque tortugas sospechosas empezaron a seguirme.
Yo tenía diez años y en las tardes miraba flotar en los estanques ciudades de ojos magnéticos.
Cada noche la marea depositaba en los árboles islas dormidas.
En bosques de miel aguardaba a Lucy, la diminuta niña de cuernos relucientes.
Lucy sollozaba por los elefantes enredados en mi barba.
Lucy era una gaviota.
Yo era un cangrejo, un lirio, un árbol relampagueante.

II
Déborah: si alguna vez desciendes de los tejados, si alguna vez emerges de los cementerios donde vives, y cruzas (ave o demonio) por la Plaza del Oso, me verás bajo la lluvia esperándote. Porque amé tu calavera de conejo, amé hasta enloquecer tu rostro dañino.
Déborah y yo cabalgamos sobre un escarabajo de ojos penetrantes y
en días de tristeza recorrimos espejos, uniformados de azur.
Déborah se mataba las pulgas mientras yo recitaba mis Grandes
Cantos.
Sólo una vez me permitió besarla. Fue en los jardines: la primavera silbaba su tonadilla mientras ella movía la cola, azorada.
Pero tan pronto la besé, sacudió el polen de su falda, aulló a la luna y huyó por los desfiladeros.
Yo felizmente era un topo, yo dichosamente excavé un túnel.
Yo estaba solo amancebado con la luna.
Bien lo sabes, Déborah, mi araña incomparable.
¡Oh mi alondra!
¡Oh mi cítara enlutada!

III
Antaño fui un Mago Melancólico y panteras invulnerables me seguían arropadas en sus sedas.
A mi conjuro brotaron manantiales de rubí.
Poblé los cielos de bondadosos monstruos.
Yo tenía veinte años: el año empezaba.
No temblé cuando la abominable tripulación puso proa al paraíso.
¡Proa al paraíso, charcos de azul!
(“¡Nunca te traicionaré!, ¡no me rendiré mientras chapoteen las sirenas!” —Mentíale a mi musa).
Yo era inmortal, era divino.
Remonté ríos de erizados dientes.
Era el tiempo maldito de mi generación.
Todavía escucho gritar a los unicornios pisados por la multitud.

Todavía oigo al gentío himplando para que abdique.
Pero yo no cambio de plumaje: me niego a iluminar con mi canto los fétidos establos de la noche.
No más embustes:
Que el Poeta se quite el antifaz y muestre su pico afilado.
Porque rabiosos ejércitos nos buscan.
Mas yo vuelo hacia el futuro, yo anido entre inmortales.
Os prometo que una brisa de alondras refrescará el infierno.

IV
Pero llegó el tiempo del murciélago.
En los caminos colgaron a los elfos.
Pintarrajearon a las hadas antes de forzarlas.
Fracasaron mis magias.
Vagué por llanuras de trapo.
Me llené de moscas como un verano gordo.
Estuve en Samarkanda, la de cabeza sumergida.
Sólo insectos poblaban tu urbe, Desesperación, ¡Oh Desolado, sólo su pueblo ciego te miró envejecer ante las murallas!
Atravesé salones enjoyados donde el tigre husmeaba: tigres gigantescos entre cuyas zarpas pasan ríos despavoridos.
Hasta que huí de aquellas tribus.
Así llegué a Nínive, la de sangrantes ojos.
La tarde era un pez de tetas fosfóricas: el río arrastraba imperios de oro danzante: yo mismo era una serpiente entre tanta belleza.
Tuve suerte: me amamantó una hembra cuya gordura a los naturales aniquilaba.
Yo saludo a la que me llevó muérdago y ratones frescos a mi cubil, yo celebro a la que lamía mis cabellos dolorosamente.
Oh Nínive vestida con mi dicha.
Nínive de ojos inaccesibles
Nínive de torres soñolientas
Nínive donde quedó mi corazón ardiendo
Así empezaban los años de mis inolvidables desgracias, aquel funesto amor que fue mi ruina, mi tesoro de cabellos azules.

V
Al salir me derribaron los coletazos del viento enloquecido por los piojos.
Para vivir compuse canciones: la turba me arrojaba oro entre los barrotes.
Ya era tarde.
Enfermé.
Agonicé en los bosques. Mi trono era la luna; mi cetro, el aullido del lobo.
Peinábame el sol, adulábanme sus hipócritas vasallos.
Yo recordaba el pasado, cuando sobre los delfines en las bahías del alba, fuimos horriblemente felices.
Recliné la frente en las catedrales.
Caían las torres envenenadas.
Sangraban los obeliscos.
Al amanecer, me sentí mejor: estaba muerto.
Entonces el mar encaneció, las islas huyeron...

sábado, 7 de agosto de 2010

¿Me iré? y no miento, mentira.

No estoy segura de lo que pasa fuera de mí pero sé que estoy mintiendo en cada "sí" que digo. Estos últimos días, mi alma ha rasgado un poco de valor y seguí a los normales. He visto lo que es dañar una corriente de aire sin pisar por más de un segundo lo concreto. La invisibilidad ante la luz es tan prolija de explicar; si tan sólo la lluvia cesara y no me vea más, nadie me distinguiría de lo que es real, y la luna pecaría por sucumbir ante el mar, otra vez.

Ya que tan solo execrar a los vientos y aventurarme a la nada no me alienta; mi única salida será el exilio de mi ser, teniendo en cuenta de que nunca bastaré para los que no ven y que la fe es una reacción innata cuando uno está al borde de la muerte.

Ante la pronta expiración metafórica que me acelera, las palabras puntiagudas destinadas a herir no lo hacen. Estoy en un estado de inercia tan profunda que a lo mejor mi subconsciente juega irracionalmente conmigo.

¡Qué tal estado de evanescencia espiritual!, las manos blindadas de incontrolables suspiros arrasan lo copioso de mi destino, y en fin, la dejadez de mi suplicio no me corresponde como debería.

Confusa suplico. Esos delicados roces son tan estruendosos en lo interno, o es que acaso no fingen valor a la hora de derretir estrellas sobre huesos.

Ya mañana será el ocaso y solo espero tu aliento...

lunes, 19 de julio de 2010

JA...........JA................JA, UNA RISA QUE SE ALEJA

Cambiando mis posibilidades de poder detener el tiempo, quisiera que vaya aún más rápido...y que no cambie de mando...que siga con la misma actividad...(qué mal inicio)... Mi vida está más voluble que nunca, sólo digo bla bla bla y aún así me entienden, qué contradicción

Y ahora, los últimos cambios que noto en mí no son nada buenos: primero, ya no hablo sobre gatos, que triste, me encanta, pero ya no tengo palabras para ellos o ellas; segundo, ya no se me ocurren ideas sobre que escribir...quiero pero no puedo...esperen ya puedo..uff. que alivio... y otro cambio sería el de mi humor...todo me molesta..especialmente que me hablen...pero que puedo hacer no aguanto ni mis palabras...aún así estoy consciente sino no delataría lo que me pasa ¿no?....

Entra el viento, más violento de lo normal, por mi ventana, y ya no tiendo a reír..sólo queda un ligero eco de como hace 2 meses y más, que dice: ja....ja.....ja...muy maquiavélico por cierto... que tal risa...tan extravagante y dolida... Yo siempre quise preguntarme porque reí ese último día de supuesto verano...no debí...Toda esa ilusión que se rompió en pedazos, hecha prácticamente añicos me destruyó tanto que sólo pude hacer lo que no debía: reír...En mi cuarto sólo escucho ese eco de risa sádica y gastada, totalmente personal, esa risa que me deja en el delirio cada vez que vuelvo otra vez a ese día, en sueños... Superficialmente no me afectó, ya que mis lágrimas fueron mínimas frente a ella, " jamás me debilité en sus ojos "(estoy mintiendo), está bien, me resbale en el veneno de sus ojos y por eso quede así: tendida en la mitad de mi cuarto suplicando para que ella volviera, pero no...luego, como es obvio, rehabilité unas palabras amigas de aliento...y decidí dejar todo aunque me perdiera del radar.. no soy buena para recordar cosas malas sobre ella...sus pestañas me embrujaron y simplemente desvanecí mis sentimentos por ella...por ella...cosa que no creí poder hacerlo nunca.pero lo hice...y bien, por ella me perdí del radar de la gente y me exilié en mi habitación..y ahí sigo....ella me engaño y yo también a ella. Le mentí al decirle que ya no la quería....SNIFF..¿más dilemas? Noooo!...Lo único con lo que puedo terminar esto debe ser la absoluta incredibilidad...ya no creeré más en nadie?...tal vez hasta que encuentre a alguién más en quien pensar.

miércoles, 14 de julio de 2010

Metamorfosis...


Y pensar que gracias a una amiga..pero una amiga amiga..todo fue color azul algún día...y ahora que ya estoy en una fase terminal de mi personalidad, aunque creo que es mentira (fácilmente tiendo a mentirme, es sólo ocasional, NO, espera...tal vez sea un invento fallido para creerme madura, sí..eso es), las cosas giran como deberían...


EL PRIMER CAMBIO puede que sea comparado con la metamorfosis de una mariposa... Mirar la vida como si fuera el inicio de una futura mariposa es demasiado complicado...Pero cuando ya lo eres todo se torna tecnicolor... tal vez un amarillo acaramelado o un rosado grisáceo...de ese color es todo lo que eres y ves...

martes, 13 de julio de 2010

Sin nada de...¿todo?

Las tristes mañanitas (que cursi) me ayudaron en mi propósito esta vez, es decir, esta vez fue indispensable un cielo gris arriba mio. La locura de los 17 años está apunto de terminar en mí (al menos eso siento), y ya no tengo ganas de ser lo que solía. Mis tontas alucinaciones de chiquilla interesante y melancólica dieron a su fin. En sí, sólo quiero aclarar que ser alguien masoquista y bohemio no significa ser una bestia, la cuestión es saber bien que los ojos no pueden ver la realidad absoluta del alma...Sólo para pensarlo...¿no sería trágico si todos fuéramos lo que cada uno presiente que es?..sería espantoso..horrendo, empalagoso...no lo toleraría...es más, nadie podría motivarse a buscarse a sí mismos, todos ya sabrían lo que son y todo quedaría perdido...

Las ocasiones para seguir el hilo que estuvo por romperse alguna vez siguen latentes. Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos sólo aparentan libertinajes dentro de nuestros pensamientos... nos ahuyentan el placer de conocernos. Si tan poco cerebro puede manejar unos brazos largos, porque también no puede manejarnos. Debe haber una lucha contra el autocontrol inconsciente!!!!

Después de un tan corto monólogo, ya me dio sed...jaja...

Insisto pues,...no ya no...(que poca fuerza de voluntad tienes Agnus), prefiero seguir con lo de mis tristes mañanitas...

Tras unas cuantas jaladas de oreja (imaginarias, porsupuesto...auh!!)...La vida hoy me cayó a pelo. Algunas veces mis viejos recuerdos me exilian fuera de aquí por unos minutos, pero lo bueno es que no son horas!!!... Vaya y pensar que nunca podré volver a cantar en público...uff..que tal dilema el mío...

SALVAXION: DesenfrenadO DramA ExistenciaL

Lo siguiente es lo más parecido a un poema que pude escribir algún día, un día de esos cuando no sabes si despejar tu mente saliendo a la puerta de tu casa o simplemente recluirte en lo más oscuro de tu cuarto y observar a través de un muro de cristal todo lo que no te atreves a presenciar. Mejor dicho, un día de decepción, algún drama existencial personal. Esto es lo poco que pude rescatar después de que un virus borrara sin piedad parte de mis archivos (y pido disculpas por imponer a la muerte su presencia en esas líneas, es que deben tomar en cuenta que cuando lo escribí no tenía los ánimos en las nubes, no tanto así que digamos)


SALVAXION
¿Por qué a mí?
si solo estoy aquí
y no digo nada
el miedo es tan incontrolable
sigue corriendo por mis venas,
sigue,
y aún yo viva,
pero si ya he muerto,
¿Por qué sigo respirando
lo que tú también respiras?

Espero,
tal vez mi espíritu está ahí,
aunque no lo veo,
yo sigo muerta,
a la vista de todos,
y así me hablan,
así me escuchan,
todos…
siempre han sido
tan raros para mí

Siempre,
todas las cosas que dije
enmascaradas tras una burda agonía
te mentía en cada sonrisa,
tú en cada palabra
que puedo decir,
esa era mi vida

¡No más!,
me apena pensar en ti,
porque no te recuerdo
como debería;
porque jamás
te he visto como eres.
Solo soñaba en rosas,
no me percaté de tus espinas
No quiero verte,
con mis ojos, otra vez no,
quiero volver a morir
sin tener que estar ahí,
y sobrevivir a mis plegarias,
sangrar en mis delirios
en la viva llama de la muerte
tirar mi vida al vacío,
y después sonreír
como buena actriz.
Mis caretas tan usadas están,
pero encontraré la indicada
cada una la veo en la gente,
en cada una de ellas,
de esas con las que compartí mi vida
con las que me hirieron
(me sangraban respiros)
hasta desaparecerme.
Aunque fuera de su vista
ya nada me aqueja,
sigo en el drama,
ellas lo observan


No me conozco,
es casi lo más seguro,
aunque lo contrario es lo que saben;
no he tenido nada que ver conmigo,
todos me han visto como han querido.

Sé que puedo
hacer todo lo que digan,
lo hago porque no sé
como seré yo frente a eso,
y me da curiosidad.
Al parecer el horizonte
aún tiene libertad.

Miro por dentro de mis ojos
y no me encuentro,
sé que estoy muerta,
pero debe haber alguna razón
por la cual suspiro,
no lo logro entender.
Necesito el aliento de los demás
para poder caminar,
cada paso es un desierto
a lo largo de mi mortalidad
un trecho tan corto al abismo,
camino en frialdad.

Pienso,
y no sé como hago eso,
sólo tengo miles de vidas
esperando ser perdidas,
miles de sonrisas desprendidas,
y eso es lo que más duele,
tener que darlas y recibirlas,
si cada una viene desde adentro,
una creación en el mínimo encuentro,
y aunque, nadie me crea,
nada es peor
de vivir lo que soy,
y tener que fingir
cada sonido,
cada palabra de mi garganta
es una farsa tan realista
tan creíble
que me da miedo pensar
que en una de ellas
esté yo en realidad.

Yo, me consideraron
la viva imagen de la bohemia,
por siempre errante,
aunque casi esa magia no me acompaña,
con ella camino a través de monzones,
a través de desafíos;
mis pies los uso
sólo en un desquebrajado camino,
como en los momentos de alegría,
en esos que me aterra
perder el control y correr de la vida,
las agujas del reloj
ya giran en contra mía.

El bien y el mal están de mi lado,
ambos me protegen,
y me obligan a odiarlos,
como un padre a su hija,
tantas paranoias
sobre una mágica agonía.

Nada es simple,
eso es un cumplido,
si se trata de mí.

Todo lo que está en mis manos
tiende a desvanecerse
con tanta calma y seguridad,
al punto de parecer,
que todo eso ya ocurrió
en un tiempo de oscuridad,
dentro de mis pasadas memorias,
tal vez inmoladas por la futura realidad.

Y,
nunca podré ser,
ya que todo lo que soy
es algo que no recuerdo,
todo tan frío.
Nada sé de mi existencia,
estoy perdida,
y a la vez sigo mis propias pistas,
es una profana confusión,
quizás la confusión
es el lazo truculento que a lo humano, lo hace mío…

Ahora, mi mente duerme,
trabaja mi subconsciente,
profiere la verdad mitómana,
no oculta ningún día
toda mi vida nada asceta,
en un estado de pasmo e inseguridad frenética,
y están obvio pensar
de que sea otra treta más,
pero no, ya no quiero desandar
es la primera vez que no lo voy a intentar.
Esas lágrimas que caen allá
no son una más en mis irreales tristezas.
es la máxima expresión
de una vida profanada de ellas.
Lo cálido se apoderó de mis sentidos,
siento que todo fluye,
hay sangre en cada huella que dejo,
por fin se acerca, la libertad, tan rápida,
sólo espero que lo único que pida
no desvanezca en oídos ajenos a los míos,
y que siga más allá de la razón,
hacia un futuro cercano
cuando mi corazón vuelva a nacer sensible
en la cima de la visibilidad
dentro de un mar sabor a vida
ese día de constante estabilidad sin medida,
ese día será cuando posea el control
y escuche de entre una gritería,
el arrullo de la salvación.


Agnus

jueves, 8 de julio de 2010

Temor al charco

Aquel 03 de junio fue un día estático. Todo parecía no tener movimiento, excepto yo y alguien más. 


Estuve sentada por 3 horas y 46 minutos sobre mi cama, bien llamada "lecho de ociosos" por mi padre. Esperaba a que alguien me grite tras la puerta, y sí, alguien lo hizo, pues una corriente de aire profundamente helada rozó uno de mis pies desnudos: mi madre entró al cuarto sin permiso alguno, refunfuñando porque dejé la llave puesta en la puerta de mi habitación. Yo fui absorbida por las paredes mientras me hablaba y empecé en silencio: "¿por qué no puedo dejar a mi llave en libertad?, que sienta un poco la soledad fuera de mi chaqueta, ¿qué tiene mi chaqueta? Mi chaqueta no la extraña". Creía que filosofar era necesario, aunque fuera una simple llave, y por supuesto, el alcohol lo estimulaba más. Estaba en mi faceta de gran pensadora ridícula. Después de verme pensativa y sin haber escuchado una respuesta se fue mi madre. Miré debajo de la cama, el vino se había acabado. Era vino seco, y a pesar de que era amargo disfruté demasiado al beberlo. Oh, no, era magnífico. Quería considerarme una adicta en secreto, ya que jamás probaría ese elixir en frente de la humanidad. ¡Uf! qué sed tuve, definitivamente, ese era un buen secreto, según yo, mi segundo secreto. Nada abrumador, pero para mi familia sí lo era. "Solo los adultos con obligaciones beben alcohol" zumbó en mis oídos. 


Llegó el momento de bajar a la sala para conversar con ella, ya que teníamos que salir a unas clases de informática que llevábamos juntas, pero en diferentes salones. Puse el pie izquierdo sobre la escala y de inmediato resbalé por las escaleras ¡plag! Me agradó recordar que era madera. Me paré, di otro paso ¡plag! resbalé y caí otra vez. Terminé muerta de risa, sentía que mi perfume a vino se desvanecería con el dolor. Tomé un baño y salí con mi madre. Fuimos prácticamente volando, era tarde. Las clases empezaban a las 5pm y ya eran las 4pm. ¿Olvidé mencionar que vivo muy lejos del centro de la ciudad? Estábamos a dos horas de distancia, pero mi madre iba a hacer lo imposible por no llegar tarde: desentrañar los misterios de la singularidad de Stephen Hawking, generar un agujero negro y llegar en 1 hora o menos. Casi. No me peiné y salí empapada. Caminé lentamente hacia el carro mientras mi madre me lanzaba impresionantes miradas de fuego. Qué calor tuve. Subí y partimos rumbo a ese instituto. Puse una canción de Joy Division: transmission. Al bajar del auto le avisé que no regresaría con ella porque debía quedarme para un "repaso" y me fui al laboratorio de informática. El profesor justo pasaba la lista:
-¿Santiel? 
-¡Presente!
Me acomodé en el escritorio de siempre. Entré, como nunca, al messenger, facebook, a mi blog, en este último me dispuse a escribir rápido algo que tenía en mente. Era lo único que deseaba hacer. 

Después, como a las 11 y media de la noche, me vi arrastrándome pensativa por el patio de mi casa, recordando el episodio con una chica del curso de la tarde. Ella había pedido permiso para el baño a mitad de la clase, volteó antes de salir por la puerta y cruzamos miradas como si no hubiera mañana. Inmediatamente pedí permiso, salí y tuve la sensación de que me esperaría por las escaleras aledañas al salón. No. Ella se había quedado tras la puerta. Con solo mirar sus ojos en los míos, el alma se diluyó con el cuerpo cual bicarbonato de sodio en una taza de agua hirviendo, lento en silencio; luego, cuando me tomó de la mano y me llevó al baño, añadió el jugo de limón generando una efervescencia brutal. Yo era el color rojo, definitivamente, en todo su esplendor; ella, un pincel intuitivo. No hablamos hasta llegar al baño, donde recuperé el aliento, aire caliente. Cerró la puerta. El baño de chicas estaba solitario como suele pasar en historias perfectas, pero moví los labios y esta vez dije: 
-No te amo
Y la besé mientras ella apretaba mi mano izquierda. Era la octava vez que nos veíamos de esa forma y ella era... 

¿Mencioné que tenía yo 17 años y un perro que cuidar? Caramelo, Melo de cariño, lamió mi mano y volví a sentir la gravedad de la Tierra. Las luces estaban apagadas. Subí a mi habitación casi a gatas, no tenía ganas de dar las buenas noches. Abrí la puerta, la empujé despacio, y ni bien la cerré entró una llamada: Dari. Empecé a solo escuchar esa canción que tenía por ringtone, orange crush de REM y me metí entre las cortinas aún cerradas. La calle estaba vacía con luces fuertes. Ese amarillo-naranjo me recordó al suéter que traía puesto Dari en la tarde, ese que le quité después de que me estrujara la mano. Me dejó huellas tibias. No reaccionó verbalmente a lo que le mencioné, solo tuvo los ojos bien abiertos durante el tiempo que estuvimos en ese baño, muy limpio y espacioso, por cierto. Entreabría los labios después de cada beso como queriendo articular palabras, pero se convertían en gemidos. Ella había cumplido 20 años un día antes. No fui a su fiesta, ella quería presentarme a sus amistades como novia. Yo veía las cosas diferentes en ese entonces. Solo el placer instantáneo me unía a ella y lo sabía. Su cuerpo pequeño y medio desnudo comenzó a temblar y me abrazó esquivando un beso. Le iba a repetir la frase "no te...", mas ella comenzó a acariciar mi cabello, dejó de apretarme contra su pecho y traspasó mis pupilas con esos volcanes de azúcar moreno mirando fijamente. Musitó palabras prohibidas, conjugaciones desconocidas del idioma amor. La miel llegó a mis labios, fue certera y lo celebramos. Creí haberle dicho sí a todo lo que me propuso, pero después de tener la ropa puesta, brotaron las lágrimas y la sonrisa que siempre Dari tenía tatuada, de pronto carecía de color. Observé mi rostro en el espejo, la expresión estaba tiesa. No era un semblante enamorado, ella lo había notado. 

-¿Agnus, eres tú? ¿hija? -bloqueó mi mamá el recuerdo- Tu celular no ha parado de sonar. Apágalo o contesta. ¿Quién te llama a estas horas?
-Es la compañía celular, mamá. Desde hace tiempo insisten con una oferta que no quiero aceptar.
-¡Angurrientos! Apaga esa cosa o bloquéalos. Si uno desea algo, va y punto. Nadie te puede exigir a querer algo que realmente no quieres, más aún, si es algo que no necesitas ahora.
-Espero necesitarlo nunca. 
-Ya, hija, duerme.

Apagué el celular y prendí el corazón por error. Mis párpados aún no lograban evadir la poca luz que traspasaba las cortinas y estaba confundida. La lluvia empezó alejando mis oportunidades de conservarme serena. No contestar era herirla más, pero estaba abrumada.  ¿Era la ilusión del amor o el amor en sí? Debía intentarlo para saber, pero el amor es inconfundible, existe. Es un aroma que se extiende sin ahogar, una voz en el viento que te envuelve justo antes de sentirte palpado, esa ola del mar que no te llega a mojar. Yo no sentí temblores cuando supe de su existencia la primera vez, pero estando acostada con las ventanas llenas de puntitos de agua por el viento, se vio todo expuesto en miles de fotografías donde Dari y yo contemplábamos quieto al mundo. ¿Era amor, entonces? Oh, perversa la duda que nunca me deja zarpar. 
-¿Por qué?
Me cuestioné a mí misma con voz torpe y la respuesta automática, invariable retumbó en mis pensamientos: "porque el amor es siempre intenso y frágil al mismo tiempo. Cambia todo, se entromete y se acomoda en el espacio más cálido de tu ser. Si alguna vez decide mudarse, se lleva hasta su sombra, jurándote que el círculo se creó sin salida, y los sentimientos embebidos terminarán como la lluvia que se acostumbra, al final, a ser solo charco".

De un tirón salí de la cama y me desesperé como si buscara un inhalador. Al final encontré lo que buscaba. Esperé.

-Aló, Dari, gracias por contestar.