confiar suertes a tus letras, a tu calma,
a la casi niebla.
Permíteme ceder la buena fe
que la conciencia oscila entre sus garras.
No duermo,
y es porque sueño, sin agitar,
las presiones del viento.
las presiones del viento.
Intrazable luz que no puede más,
clamor ardiente de medio hálito
clamor ardiente de medio hálito
danzando al borde de un claro palenque.
Tengo culpa, y no es de pensar,
algo cándido e ideal flexiona esta tristeza
disloca dudas de altamar
al punto eterno del aciago.
Y las arenas del pasado,
¡qué invictas hormiguean!,
pues no hay razón que me delate
más que la certeza de no saber
cuando un ser es inanimado
y cuando mera piedra al caer.
¿Vislumbrarás sin condición, alma?
Cavilo inmersa pues caía gresca
¡gresca bajo restos de temple!
¡gresca bajo restos de temple!
Era incesante la vida que habitaba,
no pude detenerme.
Suscitó un abisal que me hizo inconcebible,
inadecuada,
inadecuada,
incapaz de evocar la paz traína .
Fui rayo que turbó el son del rumbo.